Mis cuadernos:

Rubén Aguilar Valenzuela

  • Archivo general

  • Calendario de publicaciones

    Diciembre 2009
    L M X J V S D
    « Nov    
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031  

Archivos de la categoría ‘Revista AZ’

La crisis: tiempo de cambio e innovación

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Junio 18, 2009

escanear0027

 

 

 

La crisis actual va a seguir por lo menos los próximos dos años de acuerdo a los análisis más serios y, si no hacemos bien lo que nos toca, se va a prolongar. El carácter y la dimensión de la crisis nos llama a la reflexión y el examen de conciencia personal e institucional. Estamos obligados a ello.

Amartya Sen, el economista y filósofo del desarrollo plantea muy bien, el carácter de la crisis, Reconoce que toda crisis humana es una crisis moral. La financiera lo es; pero también es prudencia y control social sobre la banca.

De esta crisis, asegura, “podemos aprender muchas lecciones distintas. Una de ellas es que necesitamos una buena alianza entre el Estado y el mercado. No podemos depender exclusivamente de la economía de mercado: el Estado también tiene un papel que desempeñar”.

No hay razón para prescindir del mercado, pero se debe regular su funcionamiento. Sen sostiene que la búsqueda del beneficio y la codicia no son el problema, sino la desaparición de las motivaciones que menciona Adam Smith: compasión, generosidad, vocación pública y compromiso.

Debemos aprender a desear de otra manera. A ser realmente felices de otra manera; debemos regresar a la valoración más básica y originaria de la felicidad; debemos encontrar otras maneras de ser felices, más felices todavía; debemos saber qué es lo esencial y que lo superficial. ¿Lo sabemos? ¿Lo podemos decir? ¿Lo vivimos?

  • ¿Qué hacer a nivel personal y de las instituciones?
  • Distinguir entre lo esencial y lo superfluo;
  • Distinguir entre crecimiento y desarrollo;
  • Distinguir entre lo que destruye o conserva la naturaleza;
  • Distinguir entre lo falso y lo auténtico;
  • Distinguir entre lo que produce valor o es sólo especulación;
  • Distinguir entre lo que nos hace personas o sólo objetos.

No se trata de rehacer lo que existía para que toda siga igual, sino de cambiarlo. Se trata de que los ciudadanos presionemos de manera sostenida a los políticos para que hagan los cambios institucionales que conduzcan al bienestar; se trata de que los ciudadanos entremos al debate de los temas que nos afectan e interesa. La construcción de lo público no es exclusiva de los políticos, es algo que nos pertenece.

La rutina y la inercia son un lastre y profundizan la crisis. Deben desaparecer. En tiempos de crisis se debe de impulsar la innovación y el talento. Hay que tomar riesgos. Es tiempo para la generación de nuevas ideas. Es tiempo de estudio de renovación del conocimiento.

Reconocer los problemas y carencias de un paradigma nos hace más aptos y sensibles para contribuir al surgimiento de uno nuevo. La crisis debería dar lugar a nuevos tiempos en el mundo. A un mundo mejor, más justo y humano.

El mundo de la Era de la Regresión, como bien lo plantea Robert Zoellick, presidente del Banco mundial. Una Era de la Responsabilidad que se caracteriza:

  • Por una globalización donde la inclusión y la sostenibilidad prevalecen sobre el enriquecimiento de unos pocos;
  • Por una gestión que cuida del medio ambiente mundial;
  • Por la responsabilidad financiera a nivel personal y sistémico;
  • Por un multilateralismo que busca soluciones prácticas a problemas interdependientes;
  • Por actores consientes, donde la participación en la economía internacional conlleva responsabilidades y también beneficios.

Si la crisis provoca la reflexión, el cambio habrá tenido sentido. Si eso no ocurre, la crisis y sus efectos devastadores sobre millones de personas en el mundo, no habrán servido de nada.

El monto de las pérdidas se puede cuantificar, pero, el hecho de dejar pasar una oportunidad histórica, para esto no existen cálculos ni mediciones: se toma o se deja. No hacerlo supone un daño irreparable de las generaciones.

Que no nos pase.

Publicado en Revista AZ | Deja un Comentario »

La propuesta teórica de Paulo Freire

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Octubre 1, 2007

La primera vez que me encontré con Paulo Freire fue en 1973. Yo estaba estudiando en el Instituto Ecuménico al Servicio de los Pueblos (inodep), en Paris, y Freire, que era su presidente, vino a presidir una reunión de la asamblea de asociados. Entonces, él vivía en Ginebra, donde se había refugiado después del golpe de Estado en Brasil.

 

Freire tuvo gran influencia en la alfabetización y la educación de adultos en toda América Latina durante las décadas de los sesenta y los setenta, así como en Asia y África. Prueba de ello es que su pensamiento y propuesta metodológica se estudiaron en las más importantes universidades de Europa y Estados Unidos.

 

Muchas ideas de la actual educación de adultos tienen su origen en los planteamientos teóricos y metodológicos de Freire, aunque hoy ya no se habla de él ni se le cita. A pesar de eso, parte importante de su pensamiento sigue presente en la teoría y, sobre todo, la práctica de la educación de adultos y comunitaria. A continuación, de manera muy sintética, abordamos los elementos fundamentales de su propuesta teórica: en el marco de un radical humanismo, lo central de la concepción freiriana es que el destino y derecho fundamental de todo hombre, como ser inacabado y siempre abierto, consiste en ser más, en hacerse cada vez más humano. Son tres los elementos que fundamentan su propuesta educativa.

 

LOS OPRESORES Y LOS OPRIMIDOS

 

El mundo está dividido en opresores y oprimidos. Los primeros han acaparado los bienes materiales y el poder, cerrando las posibilidades de que los segundos participen del quehacer de la historia y en el vivir humanamente. Al hacerlo así, los opresores mismos bloquean su oportunidad de “ser más”, cambiándola por la de “tener más”.

 

Ante esto, el oprimido tiene tres caminos: a) Conformarse y adaptarse, lo cual implica aceptar pasivamente su condición. Esto tiene su origen en la falta de conciencia, provocada también por el opresor; b) Interpretar al opresor como el verdadero hombre, aceptar los hábitos de éste como el modelo de lo humano y convertirse él mismo en opresor cuando tenga oportunidad; c) Readquirir su calidad de sujeto activo de la historia mediante la concientización y la expulsión —fuera de sí mismo— de la “sombra del opresor”. El germen primero de la concientización es la capacidad de reconocerse y afirmarse como “sujeto” capaz de transformar el mundo y tomar en sus manos la marcha de las cosas.

 

EL PROCESO DE LIBERACIÓN

 

La “praxis liberadora” es un proceso dialéctico de acción transformadora y reflexión crítica que busca “ser más”, humanizarse, incidiendo para ello en todos los espacios necesarios y, especialmente, luchando por transformar la situación de opresión. El proceso de liberación y su correspondiente praxis liberadora, aunque se gesta en cada individuo, es un proceso de grupo y mira hacia la “clase oprimida”.

 

Una condición necesaria es la reconstrucción de la intersubjetividad, cuyo paradigma es el diálogo horizontal y de iguales, la democracia de decisiones y acciones. Sin ello, se reproducirán los esquemas de la opresión. El proceso puede requerir de una primera iniciativa externa al grupo, un “partero” en el sentido socrático. Pero este oficio sólo lo puede desempeñar un oprimido en proceso de liberación, o un antiguo opresor que haya renunciado a su condición. Los opresores no pueden liberarse a sí mismos. Sólo los “oprimidos liberándose” pueden promover la liberación del opresor, privándolo de su derecho a oprimir, vigilando que no pueda retomarlo y ayudándole a eliminar lo que podemos llamar su “falsa conciencia”. El objetivo es una situación en que no haya opresores ni oprimidos, sino hombres liberándose.

 

LA PEDAGOGÍA DE LA LIBERACIÓN

 

La pedagogía del oprimido que Freire propone es la de los hombres que, mediante una praxis liberadora, se empeñan y comprometen en la lucha por su liberación. Es la respuesta a la cultura de la dominación. Sus sujetos son los oprimidos que críticamente se saben oprimidos y los que habiendo nacido en el sector de los opresores se trasforman y comprometen su acción en los trabajos de la praxis liberadora.

 

A MANERA DE CONCLUSIÓN

 

Hoy están en desuso algunos de los conceptos y términos que utilizó Freire; lo que tiene plena vigencia es su concepción humanista. Los tres fundamentos de su teoría educativa siguen siendo válidos: a) No es posible una sociedad democrática donde unos tengan todo y otros nada, donde unos se apropien de la mayor parte de la renta nacional y otros queden marginados de la misma. La política pública debe garantizar una justa redistribución del ingreso; b) La liberación de toda forma de opresión, incluyendo la que es producto de la ignorancia y la inconciencia, es una responsabilidad personal que se da en el marco de un colectivo social. Apropiarse de la propia condición de sujeto implica la humanización, hacer valer esta condición evita que unos se impongan a otros y genera condiciones de igualdad; c) La
liberación personal y social exige una pedagogía y una acción educativa que comprometan al sujeto con una acción (praxis liberadora) que transforme constantemente la realidad para hacerla mejor.

 

 

Publicado en Revista AZ | Deja un Comentario »

La educación para el siglo XXI

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Abril 1, 2007

 

La diferencia entre las naciones la hace hoy, más que en ningún otro período de la historia, la educación. El desarrollo de un país, la distribución de la riqueza y la calidad de vida de las personas pasa, no hay atajo posible, por una educación de calidad para todos.

 

La educación básica, la primera y fundamental, es el sustento y, por lo mismo, la prioridad. Si la base de la estructura no es sólida los siguientes niveles serán necesariamente débiles. Se cumple, de manera perversa, la teoría del dominó.

 

Los retos de la educación básica en el México de hoy son enormes. La pregunta fundamental es: ¿Qué requiere la ciudadanía del siglo XXI para realizarse a nivel personal y cumplir con sus responsabilidades ciudadanas?

 

La primera respuesta debe darse a partir de la concepción y el diseño de nación que queremos. Al inicio del siglo XXI uno de los graves problemas que tenemos como sociedad es que no terminamos de ponernos de acuerdo sobre ese proyecto.

 

Las visiones siguen todavía muy abiertas. La falta de acuerdo impide avanzar con mayor rapidez. Con mucha frecuencia, el debate se vuelve estéril. Las iniciativas de ley que ofrecen la posibilidad de diseñar y articular un país más moderno y competitivo se detienen en la defensa de intereses de grupo.

 

La segunda respuesta es propia de la educación y supone nuevas preguntas. ¿Cómo formar para el proyecto de nación que asume la mayoría? ¿Cómo preparar para la competencia en un mundo globalizado? ¿Cómo enseñar a aprender permanentemente? ¿Cómo, en una conciencia universal, proponer y renovar continuamente la identidad comunitaria y nacional?

 

El gran desafío del Estado mexicano es ofrecer educación de calidad en el horizonte irrenunciable de la equidad. El reto fundamental de la educación básica es, de un lado, garantizar que todas las niñas y niños tengan acceso al sistema escolar, y, de otro lado, que la educación impartida sea de calidad, lo cual exige, entre otras cosas, pertinencia, congruencia y suficiencia.

 

En un renovado esfuerzo, la educación debe seguir proponiéndose como la estrategia más importante del Estado mexicano para resolver el problema de la aberrante e inadmisible desigualdad social que padecemos. La educación tiene que ser, de manera explícita, el instrumento más poderoso para romper con el maligno círculo de la pobreza y la desigualdad.

 

Una educación de calidad para el siglo XXI exige desarrollar habilidades y competencias como:

 

a) Generación y utilización del pensamiento abstracto;

 

b) Uso articulado y eficiente del lenguaje;

 

c) Desarrollo de la creatividad y la imaginación;

 

d) Aprendizaje de otras lenguas;

 

e) Dominio de las nuevas tecnologías de la información;

 

f) Aprecio del arte;

 

e) Cuidado de la salud y el cuerpo.

 

En el horizonte de la equidad y la calidad, la educación del siglo XXI tiene la tarea fundamental de formar una ciudadanía:

 

a) Con sólidos valores personales y sociales;

 

b) Comprometida con su desarrollo personal, pero también con su comunidad, la región, el país y el mundo;

 

c) Consciente de su propia identidad y capaz de estar en permanente evolución y cambio para enfrentar exitosamente los constantes desafíos de su entorno.

 

Publicado en Revista AZ | Deja un Comentario »