Nuestra posición ante la crisis: tiempo de cambio e innovación
Rubén Aguilar V. / Octavio Aguilar V.
www.afanconsultores.com
Estamos en crisis. No es pasajera.
Va a seguir cuando menos los próximos dos años, de acuerdo a los análisis más serios.
Si no hacemos bien lo que nos toca se va a prolongar y también profundizar.
El carácter y la dimensión de la crisis nos llama a cuestionarnos.
Es momento para la reflexión y el examen de conciencia personal e institucional.
Estamos obligados a ello.
No todos podemos actuar sobre las causas, pero sí todos estamos en condición de hacerlo sobre los efectos.
Podemos tener mucho o poco espacio en la toma de las decisiones, depende de nuestra posición en la organización en las que colaboramos, pero todos, en nuestro tramo, somos responsables de atajar y solucionar la crisis.
******
Vivimos en la permanente insatisfacción o incluso frustración personal e institucional por no tener y acumular más bienes.
Nos valoramos por lo que tenemos y no por lo que somos. Valoramos también a los otros por lo que tienen y no por lo que son.
Valoramos a la empresa por lo que vende y no por la calidad del producto o el servicio que ofrece y por la respuesta que da a su comunidad.
Pensamos a nivel personal e institucional que el tener equivale al ser.
Hemos trastocado los valores. Algo nos pasó en el camino.
En algún momento de nuestro devenir como personas, empresas y país desviamos el camino.
*****
El modelo político de occidente, la democracia, se cuestiona en muchos países latinoamericanos. Se cambian las constituciones y los presidentes buscan reelegirse, pero también perpetuarse en el poder.
El actual modelo económico, el capitalismo y la globalización son cuestionados de todas formas y todos los días. Se reclama que no incluyan a los más de sus beneficios.
La idea de que la generación de riqueza iba a solucionar todos los problemas ha demostrado ser falsa. A la par del crecimiento hemos producido una brutal desigualdad social a nivel interno y entre los países.
******
Amartya Sen, el economista y filósofo del desarrollo, plantea muy bien, lo compartimos, el carácter de la crisis y lo que está detrás de la misma:
Reconoce que toda crisis humana es una crisis moral. La financiera lo es, pero también lo es de prudencia y de control social sobre la banca.
De esta crisis, asegura, “podemos aprender muchas lecciones distintas. Una de ellas es que necesitamos una buena alianza entre el Estado y el mercado. No podemos depender exclusivamente de la economía de mercado: el Estado también tiene un papel que desempeñar”.
No hay razón, dice, para prescindir del mercado, pero hay que regular su funcionamiento. Hay quien piensa que la búsqueda del beneficio es la única clave del éxito de la economía de mercado, pero eso nunca ha sido real.
Sen sostiene que la búsqueda del beneficio y la codicia no son el problema sino la desaparición de las otras motivaciones de las que hablaba Adam Smith: compasión, generosidad, vocación pública y compromiso.
******
La meta del desarrollo no es ni pude ser el crecimiento sin fin. Sí, la justicia y la mejor distribución de todos los bienes; los materiales y los espirituales.
¿Qué es suficiente y que demasiado? ¿Quién lo determina?
La generación de nuestros padres y abuelos no gastaban más que nosotros y por eso no podemos decir que ellos fueran menos felices y nosotros más.
El fin del hombre es la felicidad. No el consumir.
Lo que la sociedad debe proveer a sus ciudadanos es calidad de vida y de felicidad, no cosas.
Una casa más grande, un carro más grande, ropa de marca más cara no trae consigo la felicidad.
Puede incluso ser portador de infelicidad. Siempre se desea la casa más grande, el carro más grande y la ropa más cara del vecino.
Debemos aprender a desear de otra manera. A ser realmente felices de otra manera.
Debemos regresar a la valoración más básica y originaria de la felicidad.
No podemos seguir consumiendo ad infinutum.
No podemos seguir deteriorando el medio ambiente como si la tierra fuera nuestra y no la tuviéramos sólo en administración de los que vienen.
******
Debemos encontrar otras maneras de ser felices. Más felices todavía.
Debemos saber qué es lo esencial y que lo superficial. ¿Lo sabemos? ¿Lo podemos decir? ¿Lo vivimos?
¿Qué hacer a nivel personal y de las empresas?
- Distinguir entre lo esencial y lo superfluo.
- Distinguir entre crecimiento y desarrollo.
- Distinguir entre lo que destruye o conserva la naturaleza.
- Distinguir entre lo falso y lo auténtico.
- Distinguir entre lo que produce valor o es sólo especulación.
- Distinguir entre lo que nos hace personas o sólo objetos.
Debemos cambiar nuestro estilo de consumo y de gestión.
La crisis nos enseña, nos grita, que como personas debemos cambiar nuestro estilo de vida.
La crisis nos enseña, nos grita, que como empresas e instituciones debemos cambiar nuestro estilo de gestión.
******
No se trata de rehacer lo que existía para que todo siga igual, sino de cambiarlo.
No se trata de volver a levantar lo que nos fastidió, en espera de la otra crisis, sino cambiar todo para que no vuelva a pasar.
Sí se trata de que los ciudadanos exijamos y nos exijamos una reforma de abajo arriba del sistema y sus instituciones.
Sí se trata de que los ciudadanos presionemos de manera sostenida a los políticos para que hagan los cambios institucionales que conduzcan al bienestar.
Sí se trata de que los ciudadanos entremos al debate de los temas que nos afectan e interesan. La construcción de lo público no se la podemos dejar sólo a los políticos. Es algo que nos pertenece.
******
La rutina y la inercia, el hacer las cosas como siempre, son lastre y profundizan la crisis. Deben desaparecer.
En tiempos de crisis se debe de impulsar la innovación y el talento. Hay que tomar riesgos.
Es tiempo para la generación de nuevas ideas. Es tiempo de estudio y de renovación del conocimiento.
******
Los gobiernos y muchas empresas no han hecho, hasta hora, propuestas innovadoras, para enfrentar la crisis: despedir personal no es la solución, no lo es tampoco sólo invertir más en infraestructura.
Debemos pensar creativamente en cómo optimizar los recursos que ya existen. Generar valor desde la creatividad y la sustentabilidad, no desde la producción irresponsable.
Debemos inventar, crear y plantearnos otras muchas posibilidades:
- Reducir márgenes de utilidad en el caso de las empresas;
- bajar las tasas de interés, en el caso de la banca;
- asumir, aunque pueda no gustarnos, que debe haber mucha mayor regulación del gobierno en el sector financiero.
******
Reconocer los problemas y carencias de un paradigma nos hacen más aptos y sensibles para contribuir a la emergencia de uno nuevo.
La crisis debería dar lugar a nuevos tiempos en el mundo. A un mundo mejor, más justo y humano.
El mundo de la Era de la responsabilidad que evite una posible Era de la Regresión, como bien lo plantea Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial.
Una Era de la Responsabilidad que se caracteriza:
Primero: Por una globalización responsable, donde la inclusión y la sostenibilidad prevalecen sobre el enriquecimiento de unos pocos.
Segundo: Por una gestión responsable del medio ambiente mundial.
Tercero: Por la responsabilidad financiera a nivel personal y sistémico.
Cuarto: Por un multilateralismo responsable en que los países y las instituciones busquen soluciones prácticas a problemas interdependientes. Donde uno no se imponga sobre el otro.
Cinco: Por actores responsables, donde la participación en la economía internacional conlleva responsabilidades y también beneficios.
******
Si la crisis provoca la reflexión y el cambio habrá tenido sentido.
Si eso no ocurre la crisis y sus efectos devastadores sobre millones de personas en el mundo y en la pérdida de las empresas no habrán servido de nada.
El monto de las perdidas se puede cuantificar, pero dejar pasar una oportunidad de la historia no hay manera de calcular y medir.
Se toma o se deja. No hacerlo supone el daño irreparable de las generaciones. Que no nos pase.
Somos socios confiables.
Muchas gracias.
Afan, Consultores Internacionales, S.C.