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Rubén Aguilar Valenzuela

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    • Carmen Aristegui. 20 de octubre 2009 Noviembre 6, 2009
      Entrevista realizada el 20 de octubre del 2009. Transmitida por CNN en español. Conduce Carmen Aristegui 1/2     http://www.youtube.com/watch?v=S89_XW86mTw 2/2      http://www.youtube.com/watch?v=Nq2_hcSI4HI&feature=related Posted in Entrevistas

Archivos de la categoría ‘Hace diez años..’

Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Octubre 16, 2009

El Universal

 

… el 16 de octubre de 1999 publiqué este artículo en El Universal…”

Un artículo sobre la manera que en ese entonces se enfrentaban los desastres naturales, pienso que hemos mejorado pero que pasó mucho tiempo antes de que las autoridades asumieran su papel y responsabilidad.”

¿Tenían que morir?

La foto de Andrew Winning, de la agencia Reuters, que dio la vuelta al mundo, es terrible y desoladora. En el barrio “La Aurora” de Teziutlán, Puebla, se desgajó un cerro. En la parte de arriba, el cementerio del pueblo. Abajo, una colonia. La tierra, producto del deslave, cae sobre ella. Son más de 20 las casas cubiertas por el lodo. Los sepultados por los miles de toneladas de piedras y tierra ascienden – las cifras permanecen oscuras– a por lo menos 50 personas. ¿Tenían que morir? La respuesta contundente es que no, como tampoco la mayoría de las víctimas de los torrenciales aguaceros de los días pasados. Es posible que a algunos, los menos, hubiera sido imposible salvarlos, pero los demás tenían que haber vivido. Su muerte no es producto de un desastre natural, sino consecuencia de la falta de respeto por la vida y la ausencia de una cultura de la prevención.

El 3 de octubre, con la llegada de la depresión tropical 11, dan comienzo las lluvias torrenciales que cayeron sobre los estados de Oaxaca, Puebla, Hidalgo, Veracruz, Tabasco y Chiapas. El fenómeno se repite año con año. Algunas veces con más intensidad que otras, pero siempre tiene lugar. No es accidental que una palabra de origen maya, huracán, haya pasado a muy distintas lenguas para nombrar a estos fenómenos de la naturaleza, que ocurren durante la temporada de lluvias en la región del golfo de México y el Caribe. Todos los años la época de las tormentas tropicales y los huracanes trae muertos. Se ve ya, es terrible, como algo que así tiene que ser y ante lo cual nada o muy poco se puede hacer. En 1998 las lluvias que afectaron a Chiapas provocaron 200 víctimas fatales y en 1997, con el huracán “Paulina”, el número de quienes perdieron la vida se elevó a 160.

La intensidad de las lluvias de este año, las más fuertes de los últimos 100 años, de acuerdo a los datos oficiales provocaron 350 muertos y 300 mil damnificados. Estadísticas extraoficiales hablan de que el número de las víctimas podrá llegar a 600 y los damnificados a 500 mil. Se habla de por lo menos 300 desaparecidos, con lo que el número de los muertos podría ser todavía mayor. Lo ocurrido en los primeros quince días de octubre ha sido calificado por el presidente Zedillo como “la tragedia de la década”.

Existen dos posiciones básicas para enfrentar la problemática provocada por los desastres naturales. La visión fatalista, que sostiene que es algo ante lo que no se puede hacer nada de manera previa y que en todo caso lo que procede es paliar los efectos provocados por los mismos. La otra es la que sostiene que si bien los fenómenos naturales no se pueden evitar, sí es posible aminorar su impacto con acciones preventivas que protejan a la población. Hoy nadie reconocería de manera abierta estar en la primera de las posiciones, pero en los hechos es la visión que domina entre los funcionarios públicos. El Presidente, por ejemplo, dijo que no era posible impedir “las avenidas de agua que provocan lluvias que están muy por encima de las normas históricas”. Los torrentes de los ríos, es cierto, no se pueden evitar, pero sí el efecto de los mismos sobre la población.

El secretario de Gobernación consideró, ante una situación en la que perdieron la vida centenares de ciudadanos, que era “enfermizo” encontrar responsables de lo acontecido y añadía, para fundar su posición, en que se estaba “trabajando intensamente…”, para hacer frente a los efectos causados por las torrenciales lluvias. Para el Presidente y el secretario de Gobernación, en el marco de una visión fatalista, de lo que se trata es de responder, ante la imposibilidad de prever, a los efectos de los fenómenos. Están equivocados. De lo que se trata es, con verdaderas acciones de protección civil, de adelantarse a los acontecimientos y responder con acciones previas y no posteriores a las catástrofes naturales.

A propósito de los daños provocados por el huracán “Paulina”, hace dos años, un alto funcionario del gobierno federal me comentaba, con tristeza y desesperación, que en la manera de pensar del común de los funcionarios en los distintos niveles de gobierno imperaba la idea de que todas las acciones preventivas resultaban muy costosas y podían ser inútiles, porque siempre existía la posibilidad de que los efectos del desastre natural fueran menos graves de lo que se pensaba. En todo caso, me decía, los funcionarios asumen que resulta mejor actuar una vez que han pasado las cosas. Se sabe entonces la verdadera dimensión del evento y de otro lado siempre, si hubo un gran daño, se puede recurrir a la solidaridad y a los ingresos extras del gobierno a los cuales no se tiene acceso en las acciones preventivas.

Entre las razones que explican el impacto devastador que tuvieron las lluvias están: La pobreza de la región donde ocurrieron las mayores desgracias. Los expertos de la ONU han probado que a nivel mundial –vale también para México– el mapa de la pobreza coincide con el de los peores efectos de los desastres naturales. Las zonas de pobreza coinciden, por la misma situación, con la fragilidad en la estructura de las construcciones, la nula o escasa inversión en infraestructura (bordos, represas, carreteras…). Contribuye también a agravar la situación el hacinamiento de la población en zonas de alto riesgo e inseguridad (riberas de los ríos, montañas…).

Otra de las circunstancias que amplifican el impacto de los desastres naturales es la deforestación y con ella la pérdida de la carpeta vegetal que trae como consecuencia el deslave de las montañas y el anegamiento de los ríos. Influyen también los posibles errores en el manejo de las presas y sus caudales. Existen indicios de que en esta ocasión hubo fallas graves. La corrupción de funcionarios públicos, coligados con empresarios o intereses políticos partidarios que han permitido el fraccionamiento o la invasión de zonas impropias para la vivienda o propiciado la deforestación.

Los efectos desastrosos sobre la población, la infraestructura y el entorno de las torrenciales lluvias de la temporada 1999, ponen en evidencia que en muy buena medida estos tienen su explicación en lo que se ha hecho y también dejado de hacer. Es evidente que, contrario a lo que menciona el secretario de Gobernación, sí existen responsables. No se trata de iniciar una cacería de brujas, pero sí de asumir en serio lo ocurrido y entender, de ahora en adelante, de una manera distinta, por la población y las autoridades, los desastres naturales. El respeto a la vida de la población y la cultura de la prevención deben pasar al primer plano de toda la acción del gobierno.

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Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Octubre 9, 2009

El Universal

 

… el 09 de octubre del 2009 publiqué este artículo en El Universal…

Cielo e infierno

Por siglos la Iglesia católica ha fundado parte de su poder, si no es que todo, en la predicación de la realidad física del cielo, el infierno y el purgatorio. Desde los púlpitos, el confesionario y también en el catecismo que se enseñaba a los niños se hablaba de las penas eternas que habría de sufrir en el infierno, devorado por las llamas, aquel que no se había comportado como lo planteaba la propia Iglesia y también de la felicidad eterna a la que se haría merecedor, en el cielo, quien cumpliera con los preceptos dictados por ella. El juego permanente de premio y castigo en el más allá dominó la cultura católica del mundo y también de nuestro país. La Iglesia se reservó el derecho de ser la única depositaria de las lleves que abrían el cielo, pero también daban entrada al infierno.

En la actualidad, sólo 60% de los católicos del mundo cree en Cristo, pero no en el infierno y el paraíso. (El País, 5 de sept., 99). Los teólogos desde hace muchos años vienen planteando que la Iglesia está obligada a adecuar a cada tiempo, a la luz de los avances de la ciencia, las interpretaciones que en el pasado se hicieron de los textos de las sagradas escrituras. Hace por lo menos 30 años que teólogos como Hans Küng y Hans-Urs von Baltazar, expertos en el Concilio Vaticano II, expusieron lo que hasta ahora reconoce el Papa. El mismo Kung –impedido de enseñar en los teologados católicos, pero nunca expulsado de la Iglesia– ha hecho esfuerzos extraordinarios en esa línea. Un ejemplo notable es su libro Credo en el que reinterpreta, desde el hoy, las afirmaciones del signo de los apóstoles.

El papa Juan Pablo II, en las audiencias generales de este verano, cambió de manera radical la postura oficial del magisterio de la Iglesia en relación con el cielo (21 de julio), al infierno (28 de julio) al purgatorio (4 de agosto) y al Diablo (18 de agosto). En todos los casos el Papa estableció el carácter metafísico de los mismos y negó abiertamente su existencia física. Las declaraciones papales no aclaran del todo los conceptos que siguen siendo complejos y muy difíciles de entender para los creyentes de hoy en día. En todo caso hay un paso definitivo en el esfuerzo por conciliar el magisterio con la teología. Lo más importante es que con la nueva postura la Iglesia renuncia a uno de los pilares sobre los que fincó su poder sobre los creyentes.

En su intervención del 21 de julio, el Papa dijo que el cielo no se trata de un lugar físico sino que hace referencia a un estadio del espíritu. De manera textual estableció que “la fe nos enseña que, al final de la existencia terrena, quienes han acogido a Dios en sus vidas y se han abierto a su amor, gozarán de la plena comunión con él en el cielo. El cielo, descrito con tantas imágenes, no es una abstracción ni un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con Dios”. A mediados de los 70, Kung, entre otros, había ya planteado que el cielo “no es un lugar sino una forma de ser”.

La alocución sobre el infierno tuvo lugar el 28 de julio y ahí el Papa planteó también que no era un espacio físico sino que se hacía alusión a una condición en la cual “el hombre puede rechazar el amor y el perdón de Dios, privándose de la gozosa comunión con Él. Esta trágica condición es la que se llama condenación o infierno. Las imágenes de la Biblia deben ser rectamente interpretadas. Más que un lugar, el infierno es una situación de quien se aparta de modo libre y definitivo de Dios”. Desde antes de los 70 los teólogos sostenían que el infierno no podía entenderse como un lugar sino “como una exclusión de la comunión con el Dios vivo”.

El Papa, el 4 de agosto, dijo al referirse al purgatorio que no se podía hablar de un espacio físico sino que con ello se quería hacer referencia a que “el hombre tiene ante sí dos perspectivas últimas. O vive con el señor en la bienaventuranza eterna o queda apartado para siempre de su presencia. Los que terminan su vida terrena en una apertura a Dios, pero de modo aún imperfecto, necesitan una purificación. Esto es lo que la fe enseña mediante la doctrina sobre el purgatorio”. En relación con el Diablo sostuvo, en su participación del 18 de agosto, que “el mal moral provoca sufrimiento. En la Biblia la súplica dirigida a Dios va acompañada por el reconocimiento del pecado. Jesús mismo desde la cruz reza al Padre, encarnando la expectativa de liberación del mal. Nosotros creemos que Jesús ha vencido definitivamente a Satanás y nos ha liberado de su temor”.

La rectificación papal a los grandes temas de la escatología católica han pasado bastante inadvertidos para la jerarquía y también para los fieles. Esto a pesar de que se trata de grandes y profundos cambios. La visión sostenida por siglos ha quedado atrás. La falta de repercusión del mensaje papal se puede explicar a que llega muy tarde y cuando ya los fieles del siglo XX han resuelto por sí mismos el problema. Desde hace años, por ejemplo, en el catecismo que se enseña a los niños ya no se hace referencia a las realidades físicas de los espacios tratados por el Papa. A partir del Concilio Vaticano II el tema había quedado solucionado para muchos católicos y para otros se convirtió en un punto que ya no resultaba importante, por absurdo, para la fe.

Para rematar sus intervenciones sobre el tema, en la audiencia general del 1 de septiembre, el Papa pidió perdón “a Dios y a los hermanos” por los actos de injusticia y los agravios cometidos contra científicos, filósofos y teólogos a lo largo de los siglos y muy en especial en los últimos años cuando se seguía exigiendo la fe en la realidad física del cielo, el infierno, el purgatorio y el Diablo cuando era evidente que resultaba una exigencia incompatible con la posición de la ciencia y de la propia teología. La lectura e interpretación que se hacía de la Sagrada Escritura y el aporte de la tradición sobre los temas de la escatología era simplemente errónea y había que cambiarla. Más vale tarde que nunca. Lo que queda por revisar y corregir de las posturas del magisterio sigue, con todo, siendo mucho.

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Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Septiembre 25, 2009

El Universal

 Artículo publicado el 25 de septiembre de 1999 en El Universal.

Llegó el momento

El tiempo se agotó y llegó el momento de decir sí o no a la construcción de la coalición. Estamos a 48 horas de que ésta se haga realidad o también se vuelva imposible. El lunes a más tardar sabremos en qué términos se resuelve ésta que ha sido una jornada histórica, sea cual sea su desenlace, en la vida política del país. El grupo plural de 14 ciudadanos, mal llamados “notables”, integrado con la única misión de hacer una propuesta de método para elegir al que pudiera ser el candidato de la coa­lición a la Presidencia de la República logró lo que parecía imposible: consensuar en sólo algunos días una modalidad para ser presentada a las fuerzas políticas. El trabajo aprobado por todos los miembros del Consejo Ciudadano fue entregado de manera formal a los partidos en los primeros días de esta semana.

La propuesta, que intenta dar respuesta a las dudas y miedos de los candidatos y sus partidos, consiste en un método de votación directa en 2 mil 500 centros distribuidos en el país con un promedio de cinco ca­sillas por centro lo que daría un total de 12 mil casillas. Podrá votar cualquier ciudadano con credencial de elector. Se calcula que la votación pudiera ser de unos 18 millones de electores. A la par de la votación directa se realizarían cuatro tipos de conteos: una encuesta de salida, un conteo rápido, los resultados del sistema de cálculos preliminares y el conteo final. Prueba de la limpieza y transparencia del proceso es que la cuenta general coincida con los otros mecanismos para co­nocer el resultado de la elección. Uno y otro se tendrían que corroborar y no desmentir.

Antes de la elección se realizarían tres encuestas previas de carácter nacional, una cada 15 días, para ver las tendencias del electorado. Se supone, eso es lo que está atrás, que los resultados de las encuestas previas y el propio de las elecciones no deberían ser diferentes y más bien uno tendría que certificar al otro. La propuesta pretende, entonces, conciliar la idea de las encuestas del PAN con la votación directa del PRD. Esta modalidad implica un riesgo para los dos candidatos. Si las encuestas favorecen a Fox lo que se deriva es que la votación también le tendría que beneficiar. El resultado que contaría, con todo, no sería el de las encuestas sino el de la elección directa. Queda siempre abierta la posibilidad de que el elec­torado pueda decidirse a votar de una manera distinta a la registrada por las encuestas el mismo día de la elección.

Esta es la posibilidad que juega Cárdenas.

El Consejo Ciudadano establece como límite el día lunes 27 de septiembre, para que los partidos definan si participan o no. Esto con el propósito de evitar que se sigan dando largas a un asunto que ya lleva se­manas de indefinición. En la propuesta se plantean también cuatro condiciones orientadas todas a favorecer el proceso: los partidos tienen que proporcionar los recursos económicos para garantizar el pro­ceso, los partidos deben de ser observadores de la consulta, los candidatos y sus partidos debe cesar todo tipo de crítica y confrontación entre ellos, los candidatos deben de encontrarse en una reunión pú­blica a firmar un acuerdo sobre el valor de la de­mocracia y el propio de la alianza. De aprobarse la consulta en el proceso electoral participarían: Vicente Fox (PAN), Cuauhtémoc Cárdenas (PRD)y Jorge Gon­zález Torres (PVEM).

El PRD aceptó desde el primer momento, no sin sorpresa para muchos que sostenían que Cárdenas iba a boicotear el proceso, la propuesta de las encuestas previas y la organización de la elección directa. En voz de su dirigente nacional, Amalia García, los perredistas reconocieron que la modalidad pre­sentada por los ciudadanos daba lugar a la parti­cipación directa y libre de la ciudadanía y garantizaba, por lo mismo, que el candidato que fuera elegido contara con el apoyo y la fuerza del voto que sólo pueden otorgar los electores. Dijeron también que las encuestas y los distintos mecanismos de conteo eran instrumentos que otorgaban legitimidad y confianza al proceso. El PRD y Cárdenas con su decisión de par­ticipar asumieron el riesgo que implica siempre toda verdadera contienda.

El PAN y su candidato reaccionaron con dudas a la propuesta del Consejo Ciudadano. Para el dirigente del PAN, Luis Felipe Bravo Mena, la modalidad no res­ponde a las expectativas de su partido. Ellos, dijo, ya habían expresado que se negaban a participar en cualquier elección directa. El panista, con todo, dejó abierta la posibilidad para discutir con el Consejo Ciu­dadano. El candidato presidencial, Vicente Fox, fue más tajante al decir que la propuesta no había tomado en cuenta la visión del PAN, pero también dejó en claro que él se iba a sujetar a la decisión que tomara su partido. Ante alumnos del ITAM reconoció que los “do­cumentos de la alianza” ya estaban listos y que el único “atorón” era la modalidad de la elección. Los miembros de la comisión negociadora del PAN, Diego Fernández y Santiago Creel, manifestaron su desa­cuerdo, pero también reconocieron que la propuesta ciudadana contiene aportaciones significativas que hay que considerar. El PAN al día de hoy todavía no toma una posición definitiva. El fin de semana será clave. Ya no hay más tiempo.

Al igual que el PRD, el Partido del Centro Demo­crático (Manuel Camacho), el Partido Convergencia por la Democracia (Dante Delgado), el Partido de la Sociedad Nacionalista (Gustavo Riojas) y el Partido Acción Social (Guillermo Calderón) “asumieron sin re­servas” la propuesta presentada por el Consejo Ciu­dadano. Al aprobar la modalidad Manuel Camacho insistió en la necesidad de la participación del PAN en un momento único en que se está en condiciones de cambiar al sistema político. Los dirigentes políticos, cabezas de estos partidos, se comprometieron ha rea­lizar todos los esfuerzos necesarios, para convencer al PAN de las ventajas de la modalidad de elección y de la necesidad de que participe en el proceso. La di­rigencia del PT manifestó también su acuerdo con el método elegido por los ciudadanos.

El PAN y su candidato tendrían, conviene a todos, que asumir como suya la propuesta. No son un actor más del proceso sino uno con carácter central. La ciudadanía ya se ha pronunciado en favor de la coa­lición. El PAN, arriesgando, tiene que responder a la demanda ciudadana. No se pueden pedir, parece ser eso lo que está en el fondo, reglas que no impliquen jugar nada. El PAN tiene una responsabilidad ante el electorado. En su decisión está la posibilidad de cam­biar o no el sistema político vigente en los últimos 70 años. El ir solo a las elecciones, eh la esperanza de ganar, es una apuesta arriesgada. Todas las encuestas indican que la coalición ganaría las elecciones. Se está en un momento de la historia moderna del país que cualquier apuesta resulta irresponsable. Hay que construir certidumbres. La negativa del PAN a participar implica, se quiera o no, la renuncia a una posibilidad única, para concluir por fin el largo y costoso proceso hacia la transición democrática. La responsabilidad es mucha y esperemos que el PAN esté a la altura de las circunstancias.

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