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Rubén Aguilar Valenzuela

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Hace diez años….

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Noviembre 13, 2009

El Universal

Artículo publicado el 13 de noviembre de 1999. 

Otra mirada

La televisión mexicana, de ella no se podría esperar otra cosa, pero también más de un articulista y académico, algunos serios y de reconocido prestigio, no resistieron la tentación y se sumaron, sin ninguna distancia crítica, a los resultados del proceso en las elecciones internas celebradas por el PRI el pasado domingo. Lo nuevo de la mecánica, para sustituir el tradicional “dedazo”, no puede ignorarse y tampoco descalificarse sin más, pero es necesario analizar lo que realmente sucedió y determinar, con cuidado, cuál es la dimensión de los posibles cambios. Asumir así, nada más, que de la noche a la mañana el PRI se democratizó y la realidad política del país se modificó, sólo producto de las supuestas buenas intenciones del Presidente y su partido, no ayuda a la transición democrática mexicana.

El proceso, esto tiene que reconocerse, no pudo haber resultado mejor para el PRI. Los recursos financieros y humanos que se invirtieron fueron enormes, pero ellos solos no garantizaban el éxito. Hubo un diseño estratégico que no dejó nada suelto. Se consideraron con cuidado todas las etapas: la campaña, la elección y la reacción ante la misma. La historia, pues, les resultó redonda y tuvo un final feliz. Los fantasmas se disiparon, las posibilidades de la fractura se resolvieron y la dinámica que por momentos parecía perder el rumbo encontró su cauce a la hora de la verdad que es, así son las cosas, la única que cuenta. Lo demás resultó sólo especulación e insumo, para que los medios tuvieran materia prima con la cual alimentar sus noticieros y programas, para mantener la atención del gran público entusiasmado, como ante las peleas de box o el fútbol, de la disputa “mortal” entre Francisco Labastida y Roberto Madrazo.

La elección del domingo pasado arroja, de entrada, un conjunto de saldos positivos para el PRI. En el nivel interno: logró resolver contradicciones y tensiones entre diferentes grupos e intereses; dinamizó la estructura al generar entusiasmo y confianza entre sus militantes; abrió nuevos espacios para la participación que despierta expectativas entre los cuadros que aspiran a ser candidatos; cerró el espacio para los desgajamientos y las rupturas. En el nivel externo: ganó presencia en el conjunto de los electores que votarán en el 2000; recompuso, en parte, su imagen en el país y en la comunidad internacional; aumentó la intención de voto en favor del ahora su candidato oficial; mejoró su posición para aspirar al triunfo en las elecciones presidenciales del 2000.

Los cambios ocurridos en la manera de elegir al candidato del PRI a la Presidencia, a pesar de su éxito, no son garantía, así nada más, de que ese partido ya se democratizó y que, producto de lo mismo, se modificó la manera de operar del sistema político mexicano. El análisis del proceso revela que: no hubo una elección equitativa e imparcial; que hubo un candidato “oficial” que fue favorecido por el conjunto de la maquinaria; que no se respetaron las reglas que se establecieron para normar el proceso; que no se cumplieron los topes financieros que se acordaron previamente. No se trató, pues, de una elección democrática en sentido estricto. Vale para la misma el juicio que el presidente Zedillo hiciera de la elección de 1994 en la que ganó la Presidencia cuando afirmó que “fue legal, pero no equitativa”.

La organización de la elección no fue un acto de partido; de haberlo sido, otro hubiera sido su alcance, sino tuvo todas las características y atributos de uno de gobierno. El mensaje del Presidente de la República al país, a través de la televisión en cadena nacional, al fin de la jornada electoral priísta no hizo sino evidenciar, fue confesión de parte no pedida, de que se trataba de una acción de ese carácter y magnitud. El discurso de la televisión al fin de la jornada electoral, a través de programas de “análisis” y “debate”, era producto de un texto previamente construido y de ninguna manera obedecía a un análisis de lo que ocurrió en el proceso y en la misma elección. De pronto lectores de noticias como Ortega o comentaristas como López Dóriga y Zabludovsky fueron investidos como doctos politólogos para anunciar los nuevos tiempos: el PRI era ya democrático.

La carencia de un padrón electoral eligó al PRI a abrir la elección a todo el electorado como en alguna ocasión ya lo había hecho el PRD. Esto crea una situación particular. En sentido estricto no se trata, entonces, de una elección primaria en la que sólo participan los militantes del partido, como sucede en otras latitudes, sino de una elección abierta al conjunto de los electores. El actual padrón electoral de México tiene 58 millones de posibles votantes. El PRI organizó una elección a la manera de una real elección presidencial, en la que todos los electores estaban convocados e invitados a votar. El día de la elección se presentaron nueve millones de electores. Nadie, sería absurdo, puede negar la importancia de esta cifra, pero sí se hace necesario confrontarla con el número real de los posibles electores. ¿Cómo entender, entonces, ese número de votos? ¿Es un éxito rotundo? ¿Se trata de un fracaso? Reconociendo que no se trataba de una real elección presidencial las preguntas valen.

El método de elección cambió, es cierto, pero se mantiene todavía mucho de las viejas maneras. La “cargada”, de la que se quejaron los contrincantes de Labastida, estuvo siempre presente. La presión sobre los gobernadores y dirigentes partidistas no dejó de sentirse y también, tal vez fue lo que más influyó, el mensaje velado, pero muy efectivo, de que Labastida “era el bueno” porque era “el candidato del Presidente”. La vieja e inmensa estructura, a pesar del cambio de forma, supo escuchar y obedeció la línea que de otra manera, pero siempre línea, bajó desde “Los Pinos”. El cambio existe, pero no es de la dimensión de lo que se ha tratado de hacer creer. La democracia al interior del PRI está todavía lejos de ser alcanzada, pero ante las viejas maneras que todavía permanecen no se puede, sería un grave error, ignorar lo que esta fuerza política ha avanzado. No reconocerlo es negarse a la posibilidad de entender lo que ya sucede, pero también lo que podrá ocurrir en el futuro.

 

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Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Agosto 7, 2009

El Universal

 

… El PRI en agosto de 1999 veía que podía perder la presidencia en el 2000. Todavía existía la posibilidad de una coalición entre el PRD y el PAN. Artículo publicado en El Universal el 7 de agosto de 1999…

 

La coalición, el PRI y la comunidad financiera

La coalición más exitosa en la historia de México ha sido la formada por los distintos grupos po­líticos que dieron lugar al surgimiento del Partido Nacional Revolucionario (PNR), nacido en 1929, y que después derivara en el PRI. Cuando el entonces presidente Plutarco Elías Calles decide fundar un partido, no lo hace con el propósito de disputar el poder con otras fuerzas políticas, sino urgido por la necesidad de normar y regular, de institucionalizar, el conflicto y las contradicciones entre los distintos grupos que habían hecho posible el triunfo de la Revolución. El nuevo partido, construcción visionaria de Calles, permitió que coe­xistieran las más distintas ideologías y proyectos.

Las víctimas y los victimarios olvidaron el pasado y pudieron habitar en un mismo espacio. No fue la ideo­logía lo que los unió sino el usufructo del poder con­quistado. La revolución fue generosa, lo sigue siendo, con todos sus hijos. El nuevo partido, la formalización del poder de la Revolución, no obligó a que nadie renunciara a pensar como quisiera, pero sí exigió, a cambio de prebendas y concesiones, la sumisión absoluta al hom­bre que conducía los destinos del país. El presidente, el nuevo tlatoani (“el que pronuncia la palabra”), se convirtió él mismo en una institución, la Presidencia de la República, la única depositaria e intérprete de la ver­dadera ideología de la Revolución.

La coalición ha resistido todo y llega ya a sus 70 años en el poder. La ideología y el proyecto de la Revolución han cambiado cuantas veces ha sido necesario. El depo­sitario de las verdades doctrinarias de la Revolución, el presidente en turno, las ha modificado como ha querido, a la manera de los reyes de la época absolutista, sin tener que dar cuenta a nadie más que a sí mismo. ¿Qué es lo que realmente une al proyecto de Zapata con el de Carranza? ¿Qué al de Madero con el de Obregón? ¿Qué identidad puede existir entre el proyecto del general Cárdenas con el de Alemán? ¿Qué identifica a Echeverría y López Portillo con Salinas de Gortari o Zedillo? La ideología y los principios no han sido nunca algo im­portante en el PRI; estos jamás han guiado su actuación. La coalición, todavía existe, se ha mantenido sólo por el pragmatismo, por la idea de permanecer en el poder. Estar en el poder, pase lo que pase, es la única y ver­dadera ideología del PRI y la fuerza que sostiene la unidad del partido.

En la medida que crecen las posibilidades de la cons­titución de una coalición de las fuerzas opositoras, re­sulta ridícula, si no grotesca, la preocupación de los priís­tas por la pureza doctrinaria de las fuerzas que intentan construirla. Ellos, que nunca han tenido más ideología y principios que los propios del presidente en turno, se muestran preocupados e incluso escandalizados ante lo que consideran ser una “claudicación” ideológica de los panistas y perredistas por el “crimen” de intentar ponerse de acuerdo en la conformación de una alianza. El ra­zonamiento es perverso o por lo menos cínico. Si la oposición no intenta unirse es consecuente con sus prin­cipios, pero si lo hace en un esfuerzo conjunto para construir un nuevo proyecto de nación, ya no hegemo­nizado por el PRI, deviene en claudicación ideológica.

Lo que manifiesta la posición de los priístas, ahora adalides de la ideología de la oposición y no de la suya, es el miedo, el pánico a la derrota, si es que por fin logra articularse la coalición de las fuerzas de la oposición. La preocupación del PRI es un argumento sólido, junto a otros, a favor de la alianza. Revela la certeza que tienen los priístas de su derrota inminente si es que ésta llega a conformarse. Su preocupación es fundada y válida. Es­tán en lo cierto. Las encuestas dan cuenta que más de 50% del electorado –algunas dicen que hasta 65% – votaría en favor de la coalición, si ésta llegara a darse. El PRI en este escenario, independientemente de quien fuera su candidato, no tendría ninguna posibilidad de alzarse con el triunfo. Se habría abierto el espacio, para hacer realidad un gobierno que surja del acuerdo y el consenso.

En sentido contrario a los priístas, sectores de la comunidad financiera nacional e internacional se han pronunciado, en la última semana, en favor de una coalición entre el PAN y el PRD. El presidente de Bursamétrica, Ernesto O’Farril, ha dicho que la posibi­lidad de la alianza beneficiaría a los mercados y provocaría una reacción positiva de los inversionistas debido al avance democrático que el triunfo de la opo­sición unida supondría para el país. El efecto puede ser muy alentador, dice el especialista, pero siempre que la transición se mantenga en los cauces institucionales normales. No hay nada que haga suponer –sería sui­cida– que en caso de darse la alianza y que ésta pudiera triunfar, el PRI intentara acciones para impedir la alternancia del poder.

John Reed, el copresidente del Citigroup (que agrupa al Citibank y al Citicorp), hombre conocedor de la pro­blemática económica de México, que días atrás estuvo de visita en el país, declaró que un cambio de partido en el poder, pero sin desviar el rumbo, podría resultar muy ventajoso. Reed, ante la posibilidad de un triunfo de la coalición en las elecciones del 2000 no ve que habría un impacto negativo en la clasificación del riesgo país. Esto, dice el banquero, porque los miembros de la coalición ya en el gobierno no cambiarían “el rumbo del país de una manera importante”. El responsable de la operación internacional del Citigroup asegura que las elecciones pue­den “ser muy interesantes para los mexicanos, pero no va a ser gran cosa para la economía internacional”. La comunidad financiera internacional no teme, pues, al arribo de un gobierno que surja de la coalición y más bien le ve ventajas.

La posibilidad de la coalición ha crecido en esta se­mana con el esfuerzo y disposición de las partes. Todavía no hay que echar las campanas a vuelo, pero de la primera vez que Cuauhtémoc Cárdenas lanzara en Cuer­navaca la idea de la formación de una coalición opositora al punto en el que ahora se encuentra la discusión evidencia que es mucho lo que se ha logrado avanzar. Se está a punto de conseguir la cima, pero los últimos metros son siempre los más difíciles. El propósito de constituir la alianza y de alcanzar un triunfo en las elec­ciones del 2000 no puede ser –hay que insistir en ello– el sólo derrotar al PRI, para luego repetir lo que la coa­lición que nació de la Revolución hizo y continúa haciendo. De lo que se trata es de establecer el nuevo pacto, producto del consenso, que dé certidumbre y rumbo al proyecto de nación. Hace tiempo lo perdimos. El país camina por el impulso de la inercia, pero ya no con una orientación precisa. Urge recuperarla. Es posible.

Posdata:

Dos niños guineos, Vaguine Koita y Fodé Toun­kara, de 14 y 15 años de edad, murieron congelados en el tren de aterrizaje de un airbus de Sabena que cubre la ruta Conakry (Guinea)-Bruselas. Sus cuerpos fueron encontrados el lunes dos de agosto. Estaban muy abrigados, pero aún así no pudieron resistir las temperaturas de 50 grados bajo cero a los diez mil pies de altura. Apretada en la mano de uno de ellos se encontró una carta, redactada con sencillez y candor, pero también con lucidez, que explica a sus “Excelencias, Señores miembros responsables de Europa” sus razones para intentar llegar a Europa. Entre otras cosas la misiva que ahora conmueve a los europeos dice: “… si ustedes ven que nos sacrificamos y exponemos nuestras vidas, es porque se sufre demasiado en Africa. Sin embargo, que­remos estudiar, les pedimos que nos ayuden a estudiar para ser como ustedes en Africa”. La carta, que sin reclamos y odios es un grito de dolor y de auxilio, va a ser enviada por el gobierno belga al Consejo de Ministros de la UE.

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Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Julio 24, 2009

El Universal

 

Coalición: los tiempos se agotan

En la elección de 2000 el PAN y PRD hubieran ido unidos, seguramente otro sería el país. Artículo publicado en El Universal el 24 de julio de 1999.

Los tiempos se agotan, pero estamos ya muy cerca de la decisión que PAN y PRD habrán de tomar en torno de la posibilidad de formar una coalición que los podría llevar a contender juntos en las elecciones presidenciales del 2000. En las últimas se­manas la comisión que estudia la posibilidad de la alian­za integrada por representantes de los partidos mencionados, pero también por dirigentes de los partidos más pequeños, ha hecho avances importantes que no garantizan la formación de la coalición, pero que sí dejan en claro que ésta es absolutamente factible en los tér­minos legales, pero también en los ideológicos y los políticos. La decisión trasciende, con todo, la posibilidad o justeza de la misma y se inscribe en la lógica de las posiciones, los intereses, los costos y las apuestas de los partidos y sus candidatos.

La comisión ha hecho un análisis detallado de las estadísticas y del posible comportamiento del electorado en las elecciones presidenciales. Se reconoce, a partir del análisis, que sólo la suma de los votos de la oposición garantizaría de manera definitiva y contundente su triun­fo. De no darse, las posibilidades de que el PRI vuelva a ganar no son definitivas, pero sí muy altas. Se ha avanzado también en la elaboración de una plataforma y de un programa, todavía muy general, que sería el que sus­tentaría la coalición sobre el cual hay coincidencias básicas y fundamentales. Hay acuerdos importantes en torno de cómo se podrían elegir a los candidatos al Con­greso. El punto ahora más difícil, no deja de ser com­plicado, es la manera en cómo podría ser elegido el candidato presidencial de la coalición. Se tienen que dar garantías a los partidos y a los candidatos. Es un pro­blema real, pero no imposible de solucionar.

La transición democrática mexicana, obligada por el agotamiento del modelo y la crisis del sistema, camina sin un acuerdo fundamental y sin una orientación de­finida. En buena parte el avance caótico y desarticulado se debe precisamente a la ausencia de una transición pactada. El PRI ha demostrado que ya no es capaz de establecer un pacto nacional, racional y civilizado, que articule al conjunto de las fuerzas políticas y sociales del país. Tuvo la posibilidad de hacerlo, pero se negó a poner en riesgo, son muchos los intereses, el poder acumulado a lo largo de 70 años. En lugar de pactar la transición el PRI optó, de manera irresponsable, por la lógica de la muerte súbita del tenis. En manos del PRI la transición va a seguir avanzando, pero sin rumbo definido y a un costo que no sería necesario pagar.

Lo relevante de la coalición, su verdadera importancia, estriba en que la mayor parte de las fuerzas políticas y sociales del país se pongan de acuerdo en una pla­taforma y en un programa de gobierno, producto del consenso, que oriente y establezca el rumbo en el ca­mino, siempre azaroso, al tránsito definitivo a la demo­cracia. La coalición y su plataforma es garantía de que no hay vuelta atrás y también que es posible dar certidumbre al cambio en la construcción de una democracia en la que todos los mexicanos tengan cabida. El pacto de las fuer­zas políticas y sociales incluidas en la coalición, avalado por el voto de la mayoría de los mexicanos, podría evitar las disputas estériles, garantizar la gobernabilidad y ace­lerar el paso en la ruta de la transición democrática.

Una coalición hecha sólo para derrotar al PRI pierde sentido y significado. No puede ser su propósito prin­cipal. Su objetivo es orientar y dar certidumbre a un nuevo proyecto de nación. Esa es su verdadera dimen­sión. De ahí la responsabilidad de quienes tienen que decidir. Están frente a un reto extraordinario y ante una posibilidad única. Es un momento de condensación his­tórica que puede no repetirse en las elecciones del 2006.

Si vuelve a ganar el PRI el tránsito seguirá como hasta ahora. No habrá rumbo y siempre nos estaremos moviendo en el filo de la navaja. Si gana uno solo de los partidos de la oposición, hasta ahora quien tiene más posibilidades es el PAN, su margen de maniobra será mínimo y las posibilidades de concertar un nuevo pacto nacional y garantizar la gobernabilidad van a ser redu­cidas. El nuevo gobierno se vería enfrentado a presiones extraordinarias. Al país y a sus ciudadanos lo que más conviene es la formación de una coalición con el mayor número de las fuerzas políticas y sociales que pueda asumir el poder con un plan y una estructura de gobierno previamente concertada.

Días atrás dirigentes de PAN y PRD han dicho de manera abierta que existen coincidencias fundamenta­les entre ambas fuerzas políticas. Se proponen como algunos de los puntos en común, entre otros, la importancia que ambas fuerzas dan a la democracia y la ne­cesidad de profundizarla, la visión que tienen sobre el federalismo y el papel que debe jugar el municipio, la necesidad de impulsar políticas que garanticen la dis­tribución del ingreso y la coincidencia sobre que la edu­cación es asunto estratégico para impulsar el desarrollo futuro del país. Existen también diferencias que son ob­vias y resulta absurdo negarlas. La coalición no se forma cuando una fuerza política impone su plataforma a la otra sino cuando unos y otros negocian y consensuan los puntos que les parecen básicos y les resultan fundamentales.

La construcción de una plataforma común implica ceder de uno y otro lado, pero siempre en vistas de un bien y una causa mayor que justifica de manera evidente el renunciar a tal o cual cosa de la propia visión. No es la lógica perversa de que el fin justifica los medios, pero sí la de que el bien común está sobre el interés particular. Hoy en el país estamos frente a una situación que exige la grandeza de todas las partes, pero en particular la de PRD y PAN. El PRI ha demostrado no tenerla. Ha puesto siempre sus intereses particulares sobre los de la so­ciedad y la nación. Toca ahora a las fuerzas de la opo­sición estar a la altura de los tiempos. Es necesario que por el bien de México el PAN y el PRD decidan superar todas las dificultades, que no son menores, para formar una coalición que ya en el poder está llamada a impulsar las transformaciones jurídicas, políticas, económicas y sociales que urgen en el país en un marco de fuerza moral, certidumbre y legalidad, que daría la plataforma común y el voto mayoritario de los mexicanos. Los ciu­dadanos y la historia lo van a reconocer. Toca a los partidos, a sus dirigentes y a sus candidatos el tomar la decisión.

Posdata:

Motivos de trabajo me han traído a La Paz, en Baja California Sur. El nuevo gobernador, surgido de una coalición entre PRD y PT, ha cumplido sus primeros cien días de trabajo. Se oyen comentarios positivos de su gestión. Se reconoce que hay mucho mayor cercanía con la ciudadanía que el gobierno anterior, pero todavía per­sisten dudas sobre cómo habrá de desarrollarse su ges­tión. Desde que la Baja California Sur dejó de ser territorio para convertirse en estado un reducido grupo de familias, las mismas que detentan el poder económico, había gobernado la entidad siempre como candidatos del PRI. El actual, Leonel Cota, viene también de las filas priístas pero no pertenece al grupo cerrado de las “buenas fa­milias” paceñas. El actual presidente municipal de La Paz, también ex priísta y candidato de la coalición, ha despertado muchas expectativas en una ciudad en crisis económica profunda desde hace ya muchos años.

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Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Julio 17, 2009

El desarrollo humano en México

Artículo publicado en El Universal, el 17 de julio de 1999.

El  20% más rico de os mexicanos tiene 13.5 veces más que 20% más pobre. Así mientras 20 millones obtienen un per cápita de 19 mil 389 dólares los 20 millones de ingresos más bajos alcanzan uno de mil 437 dólares. De esta dimensión es la inequidad de la distribución de la riqueza en México, revela el Informe sobre el Desarrollo Humano 1999 que esta semana dio a conocer el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). De los 174 países que comprende el estudio, México se sitúa en el nivel de las naciones de “desarrollo medio”. En 1998 ocupó el lugar 49 y ahora el 50. De un año para otro, eso se deriva del estudio, tenemos un menor grado de desarrollo humano.

Para darse una idea más precisa del monto de la desigualdad que existe en el país conviene señalar que la república de Eslovaquia, que antes formara parte de la hoy desaparecida república de Checoslovaquia, es el país más igualitario del mundo. En él la diferencia entre 20% de la población más rica y 20% de la más pobre es de apenas 2.6 veces. Muy cerca de esta cifra están otras siete naciones de Europa del Este. El dato del PNUD pone en evidencia que dentro de sus muchas deficiencias los países del socialismo real tenían la enorme virtud de saber distribuir la riqueza. En el lugar 13 está Japón con una diferencia entre los más ricos y más pobres de 4.3 veces seguido de España con 4.4 y Holanda con 4.5. La distancia entre los países de la Unión Europea (UE) anda entre 4.4 y 7 mientras que en Estados Unidos es de 8.9 veces. En América Latina es Brasil el país que tiene una más injusta distribución. Entre uno y otro nivel la diferencia es de 31 veces.

El estudio del PNUD otorga un lugar a cada uno de los países de acuerdo con un indicador elaborado por ese organismo, el Indice de Desarrollo Humano (IDH), que mide el logro alcanzado por una sociedad a partir de tres categorías básicas: nivel de vida, escolaridad y esperanza de vida. El documento del PNUD no revela nada nuevo, pero si confirma cuáles son los problemas sociales más relevantes y también los retos urgentes a los que tiene que hacer frente el país. La pobreza es el mayor de los problemas y reducirla el reto fundamental. El informe dice que 34% de la población, la tercera parte de los 100 millones que tiene México, viven en los límites de la pobreza y que 15%, 14 millones 610 mil, tienen que vivir con menos de un dólar al día.

PNUD da cuenta que 9 millones 700 mil mexicanos son analfabetos lo que equivale al 10% de la pobla­ción. Los primeros 20 países considerados como de “alto desarrollo” tienen tasas de alfabetización de 99%. En México sólo 66.1% de la población en edad de cursar la secundaria y la preparatoria está inscrita en ese nivel. En los países de “alto desarrollo” la tasa de matrícula es superior a 90% y en algunos casos (Bél­gica, Suecia, Australia y el Reino Unido) alcanza 100%. A la educación superior sólo tiene acceso 33%. En el país hay sólo 0.3% de científicos y técnicos en el campo de la investigación y el desarrollo por cada mil habitantes frente al 7.7 en Japón, 7.2% en Israel y 6.1% en Francia que son los que tienen los índices más altos. Un dato esperanzador es que 99% de los niños mexicanos en edad de asistir a la primaria están ins­critos en ella, señala el PNUD.

El informe indica que 8.3% de los mexicanos, 8 millones 142 mil, no llegará a los 40 años. La es­peranza de vida de México es de 73 años frente a 80 en Japón, 79 en Canadá y 78 en los países de la Unión Europea (UE). El 15% de la población, 14 millones 715 mil, no tienen agua potable y 9%, 8 millones 829 mil, no tienen servicios de salud. Una nota que pudiera resultar positiva para el caso de México, de acuerdo con el estudio, es que en la década de los 80 la desigualdad en la distribución del ingreso aumentó en forma dramática, pero que esa tendencia se detuvo en la década de los 90. La distribución del ingreso no ha mejorado, pero al parecer tampoco sigue creciendo en la misma proporción de años atrás.

El gobierno de México insiste en la virtud de su política social y también en los montos que se destinan a ella. En todo caso ésta resulta todavía muy limitada ante la dimensión de los problemas. La realidad es que de acuerdo con el PNUD en América Latina y El Caribe hay nueve países que tienen un IDH superior al de México. El estudio considera a 45 países como de “alto desarrollo” y entre ellos se encuentran Barbados (29), Bahamas (31), Chile (34), Argentina (39), Uruguay (40), Costa Rica (45). En el nivel del “desarrollo medio” se ubican 94 países dentro de los cuales están Trinidad y Tobago (46), Venezuela (48), Panamá (49) y México(50).

El informe anual del PNUD una vez más dio cuenta de la enorme brecha que existe entre los países ricos y los pobres. El 20% de la población mundial con mayores ingresos detenta 86% del PIB mundial; 82% del mercado de exportación; 71% del comercio de bienes y servicios; 68% de las inversiones extranjeras directas. Ese mismo sector de la población tiene 74% de las líneas telefónicas del mundo y se concentra 93% de los usuarios de Internet. Para dar una idea más precisa de lo que significan las desigualdades, que son crecientes, el estudio establece que los ac­tivos de las tres personas más ricas del mundo equivale a la combinación del PIB de los 42 países más pobres que tienen una población de 600 millones de habitantes.

Este año el informe del PNUD estuvo dedicado a analizar el impacto de la globalización. Producto de la misma se reconocen una serie de ventajas y posibilidades como el crecimiento de la economía mundial, la ampliación de los mercados y la aceptación de ideas como la democracia, el respeto a los derechos humanos y la conservación del medio ambiente. A pesar de lo anterior el estudio sostiene que la globalización ha favorecido a los países más ricos y perjudicado a los más pobres. Se requiere, advierte el informe, de una “globalización con rostro humano” y para eso se hace indispensable encontrar reglas e instituciones que logren que los mercados globales trabajen para el beneficio del conjunto de la población y no sólo para que algunos se hagan más ricos. La globalización debe crear un mundo cada vez más interdependiente, pero para que todos se beneficien de ese proceso y hasta ahora no ha sido así.

El primer ministro del Canadá, Jean Chrétien, al enterarse de que su país por octavo año consecutivo era considerado como el de más alto grado de de­sarrollo de acuerdo con los indicadores del PNUD, dijo que los canadienses deberían sentirse muy orgullosos de su país “creado sobre las bases de la tolerancia, la cooperación y la inclusión”. ¿Cuándo serán estos los principios que animen la construcción de la nación? El desarrollo implica algo más que discursos e incluso buenos deseos y supone, eso si, de la decisión clara de avanzar en una dirección. Sin una política intencio­nada que promueva la tolerancia, la cooperación y la inclusión nunca alcanzaremos el desarrollo y si es­taremos en peligro de retroceder en lo ya alcanzado.

Posdata:

Se dio el primer paso en serio para constituir la coalición de la oposición al acordar el método para seleccionar a los candidatos a diputados. Sigue abierta y ahora más cerca la posibilidad de ponerse de acuerdo para elegir al candidato a la Presidencia. El PRI tuvo la posibilidad de concertar un nuevo proyecto de nación y un nuevo pacto social. No lo hizo. La oposición es la única que ahora está en posición de lograrlo. Ese es el producto más importante de la coalición. Lo demás vendrá por añadidura.

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Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Julio 10, 2009

Dos escenarios para el 2000

La elección que acaba de pasar plantea nuevos escenarios. Aquí van algunos que se proponían para el 2000. Artículo publicado en El Universal el 10 de julio de 1999.

 

Los resultados de las elecciones del estado de México y Nayarit señalan ya dos posibles es­cenarios para las elecciones presidenciales del año 2000. Toda elección, cualquiera que sea, actúa pomo indicador de futuras votaciones. No hay lugar a la interpretación mecánica, son muchas de las variables que están en juego, pero lo que ocurrió en los comicios del pasado domingo revela posibilidades y señala ten­dencias que deben considerar los electores y también distintas fuerzas políticas del país. Uno es el escenario que ofrece el comportamiento electoral del estado de México y otro el de Nayarit. Los dos valen y son Posibles, por eso es importante considerarlos.

Escenario estado de México. El candidato del PRI, Arturo Montiel, ganó con 41% de los votos, el segundo sitio fue para el del PAN, José Luis Durán, con 34%, y el tercero para el del PRD, Higinio Martínez, con 21%. El triunfo del PRI, es una manera de analizarlo, fue po­sible porque las dos más importantes fuerzas de opo­sición no decidieron ir juntas a la elección. Si participaban en una alianza hubieran obtenido el 55% de la votación. Desde noviembre de 1998 las encuestas de las empresas más serias señalaban que el PRI iba a obtener la victoria, que el PAN quedaría en segundo lugar y el PRD en tercero. Las posiciones no variaron a lo largo de los meses. Entre uno y otro de los sondeos hubo variaciones en el puntaje, pero siempre indicaron los mismos puestos para cada uno de los partidos.

En los meses de la campaña PRI y PAN aumentaron su votación, pero la del PRD disminuyó. Tres podrían ser, dentro de otras, las explicaciones de este com­portamiento: la elección de los candidatos, el peso de la cultura política dominante y el desarrollo de las campañas. El avance del PAN puede deberse a que eligió un buen candidato. Las encuestas dicen que en términos personales el candidato del PAN siempre salió mejor calificado que los del PRI y PRD. El peso de la cultura política dominante se hace presente cuando las encuestas revelan que para los entrevistados quien mejor puede gobernar es el candidato del partido en el poder. Las inercias del sistema favorecen al PRI. Otro elemento es el monto invertido en la campaña. Las encuestas dicen que al candidato que conocen menos es al del PRD, quien fue el que dispuso de menos recursos y al que identifican más es al del PRI, quien utilizó más.

En las elecciones estatales de los últimos 20 años el PRI pasó de 82.1% (1981) a 40.7% (1999) de la vo­tación, el PAN de 7.6% (1981) a 34.5% (1999) y el PRO (algunas de las organizaciones fundadoras) de 3.4% (1981) a 21% (1999). La suma de los votos de PAN y PRD no hubieran podido vencer al PRI en las elecciones estatales de 1981, 1988, 1993, pero ya era factible en 1999. PAN y PRD supieron a través de las encuestas, por lo menos desde noviembre de 1998, cuál iba a ser el resultado electoral si cada uno iba por su cuenta. Sabían también que si participaban juntos ganaban. A pesar de eso decidieron actuar como lo hicieron.

En las elecciones presidenciales del 2000 el es­cenario estado de México conduce a la derrota de los candidatos de PAN y PRD si cada uno va por su cuenta y triunfa, una vez más, el PRI. Ahora las encuestas establecen un virtual empate entre el candidato del PAN, Vicente Fox, y el del PRI, Francisco Labastida, con una votación en torno del 30%, y también dan una ligera ventaja al candidato del PAN. El candidato del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, queda en tercer sitio con un porcentaje entre 12% y 17%. En los últimos sondeos los números de los candidatos de PAN y PRD, en campaña desde hace años, tienden a establecerse, pero las del candidato del PRI, quien hace sólo semanas empezó a trabajar en su candidatura, va en ascenso. En este escenario, pero de cara a la elección pre­sidencial del 2000, es probable que la cultura política y las inercias del sistema favorezcan al candidato del PRI y también que éste disponga de más recursos que los otros, para invertir en su campaña.

Escenario de Nayarit. El candidato de la coalición PAN, PRD, PT y PRS, José Antonio Echevarría, gana con 52% de los votos y el segundo sitio es para el del PRI, Lucas Vallarta, con 42%. En la elección de gobernador realizada en 1993 el PRI ganó con 60% de los votos, el PRD tuvo 27% y el PAN 4%. La suma de los dos votos de la oposición fue de 31%. Para la elección de 1999 las encuestas revelaron que si la oposición iba junta podía ganar, pero de no hacerlo su derrota sería segura. Si se quería triunfar la única posibilidad era establecer una alianza. El cálculo resultó correcto. Las encuestas de los tres meses anteriores a la elección señalaban ya que la coalición iba a obtener la victoria sobre el PRI, y así fue.

La constitución de la alianza generó sinergia. El 31% de PRD y PAN en 1993 se convirtió, seis años después, en 52%. Cuatro podrían ser, dentro de otras, las ex­plicaciones de los resultados electorales a favor de la alianza. La simpatía que despertó en la ciudadanía y en los militantes de los partidos su constitución. Las po­sibilidades reales de triunfo que el electorado vio en la formación de la misma. La ciudadanía asumió que estaban ya dadas, si se expresaban, las condiciones para que fuera derrotado el partido oficial que nunca antes había sido vencido. La elección de un candidato avalado por el conjunto de las fuerzas participantes en la alianza que surgía del consenso entre las mismas. No hubo disputas y enfrentamientos entre los posibles candidatos. Esto fue bien visto por la ciudadanía. La acción concertada de cuatro fuerzas políticas, en una misma dirección, dio sentido y dinamizó el trabajo de los militantes de las diversas fuerzas que contaron, en la posibilidad del triunfo, con una nueva motivación.

En las elecciones estatales de los últimos 20 años el PRI pasó de 88% (1981) a 42% (1999) de la votación, el PAN de 1.5% (1981) a 52% (1999) y el PRD de 27% (1993) a 52% (1999). La suma de los votos de PAN y PRD no hubieran podido vencer al PRI en las elecciones estatales de 1981, 1987, 1993. No era tampoco factible en la elección de 1999, pero al ir juntos se provocó un fenómeno social, se hizo sinergia, que permitió elevar considerablemente la votación en favor de los partidos de la coalición. PAN y PRD, también las otras fuerzas de la oposición, hicieron caso a las encuestas que les decían que si iban separados ganaría de nueva cuenta el PRI, pero que si se unían había muchas posibilidades de triunfo. El resultado de su correcta decisión fue su victoria, y la derrota del PRI.

En las elecciones presidenciales del 2000 el escenario de Nayarit conduce, con un muy alto nivelo de posibilidad, la victoria de PAN y PRD si deciden ir en coalición. Las encuestas dan ahora al candidato de PAN, Vicente Fox, una votación en torno a 30%, y al candidato del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, entre 12% y 17%. La suma de los dos alcanzaría entre 41% y 47% del total. La votación en favor del candidato del PRI Francisco Labastida, el mejor situado dentro de los del PRI, sería entre 30% y 40%. En este escenario las posibilidades del triunfo de la coalición son muchas. De darse la unión de las fuerzas de la oposición, pero de cara a la elección presidencial, sería muy posible que sucediera un fenómeno como el ocurrido en Nayarit. La sociedad reaccionaría con mucha simpatía, lo dicen ya las encuestas, a la constitución de la coalición. El electorado vería en la formación de ésta una real posibilidad de triunfo. El ponerse dé acuerdo para elegir al candidato de la coalición, a través de un mecanismo aceptado por las distintas fuerzas, le daría a éste una enorme consistencia y credibilidad. La acción concertada de las fuerzas políticas dinamizaría también el trabajo de sus cuadros y militantes.

Publicado en El Universal, Hace diez años.. | Deja un Comentario »