… El PRI en agosto de 1999 veía que podía perder la presidencia en el 2000. Todavía existía la posibilidad de una coalición entre el PRD y el PAN. Artículo publicado en El Universal el 7 de agosto de 1999…
La coalición, el PRI y la comunidad financiera
La coalición más exitosa en la historia de México ha sido la formada por los distintos grupos políticos que dieron lugar al surgimiento del Partido Nacional Revolucionario (PNR), nacido en 1929, y que después derivara en el PRI. Cuando el entonces presidente Plutarco Elías Calles decide fundar un partido, no lo hace con el propósito de disputar el poder con otras fuerzas políticas, sino urgido por la necesidad de normar y regular, de institucionalizar, el conflicto y las contradicciones entre los distintos grupos que habían hecho posible el triunfo de la Revolución. El nuevo partido, construcción visionaria de Calles, permitió que coexistieran las más distintas ideologías y proyectos.
Las víctimas y los victimarios olvidaron el pasado y pudieron habitar en un mismo espacio. No fue la ideología lo que los unió sino el usufructo del poder conquistado. La revolución fue generosa, lo sigue siendo, con todos sus hijos. El nuevo partido, la formalización del poder de la Revolución, no obligó a que nadie renunciara a pensar como quisiera, pero sí exigió, a cambio de prebendas y concesiones, la sumisión absoluta al hombre que conducía los destinos del país. El presidente, el nuevo tlatoani (“el que pronuncia la palabra”), se convirtió él mismo en una institución, la Presidencia de la República, la única depositaria e intérprete de la verdadera ideología de la Revolución.
La coalición ha resistido todo y llega ya a sus 70 años en el poder. La ideología y el proyecto de la Revolución han cambiado cuantas veces ha sido necesario. El depositario de las verdades doctrinarias de la Revolución, el presidente en turno, las ha modificado como ha querido, a la manera de los reyes de la época absolutista, sin tener que dar cuenta a nadie más que a sí mismo. ¿Qué es lo que realmente une al proyecto de Zapata con el de Carranza? ¿Qué al de Madero con el de Obregón? ¿Qué identidad puede existir entre el proyecto del general Cárdenas con el de Alemán? ¿Qué identifica a Echeverría y López Portillo con Salinas de Gortari o Zedillo? La ideología y los principios no han sido nunca algo importante en el PRI; estos jamás han guiado su actuación. La coalición, todavía existe, se ha mantenido sólo por el pragmatismo, por la idea de permanecer en el poder. Estar en el poder, pase lo que pase, es la única y verdadera ideología del PRI y la fuerza que sostiene la unidad del partido.
En la medida que crecen las posibilidades de la constitución de una coalición de las fuerzas opositoras, resulta ridícula, si no grotesca, la preocupación de los priístas por la pureza doctrinaria de las fuerzas que intentan construirla. Ellos, que nunca han tenido más ideología y principios que los propios del presidente en turno, se muestran preocupados e incluso escandalizados ante lo que consideran ser una “claudicación” ideológica de los panistas y perredistas por el “crimen” de intentar ponerse de acuerdo en la conformación de una alianza. El razonamiento es perverso o por lo menos cínico. Si la oposición no intenta unirse es consecuente con sus principios, pero si lo hace en un esfuerzo conjunto para construir un nuevo proyecto de nación, ya no hegemonizado por el PRI, deviene en claudicación ideológica.
Lo que manifiesta la posición de los priístas, ahora adalides de la ideología de la oposición y no de la suya, es el miedo, el pánico a la derrota, si es que por fin logra articularse la coalición de las fuerzas de la oposición. La preocupación del PRI es un argumento sólido, junto a otros, a favor de la alianza. Revela la certeza que tienen los priístas de su derrota inminente si es que ésta llega a conformarse. Su preocupación es fundada y válida. Están en lo cierto. Las encuestas dan cuenta que más de 50% del electorado –algunas dicen que hasta 65% – votaría en favor de la coalición, si ésta llegara a darse. El PRI en este escenario, independientemente de quien fuera su candidato, no tendría ninguna posibilidad de alzarse con el triunfo. Se habría abierto el espacio, para hacer realidad un gobierno que surja del acuerdo y el consenso.
En sentido contrario a los priístas, sectores de la comunidad financiera nacional e internacional se han pronunciado, en la última semana, en favor de una coalición entre el PAN y el PRD. El presidente de Bursamétrica, Ernesto O’Farril, ha dicho que la posibilidad de la alianza beneficiaría a los mercados y provocaría una reacción positiva de los inversionistas debido al avance democrático que el triunfo de la oposición unida supondría para el país. El efecto puede ser muy alentador, dice el especialista, pero siempre que la transición se mantenga en los cauces institucionales normales. No hay nada que haga suponer –sería suicida– que en caso de darse la alianza y que ésta pudiera triunfar, el PRI intentara acciones para impedir la alternancia del poder.
John Reed, el copresidente del Citigroup (que agrupa al Citibank y al Citicorp), hombre conocedor de la problemática económica de México, que días atrás estuvo de visita en el país, declaró que un cambio de partido en el poder, pero sin desviar el rumbo, podría resultar muy ventajoso. Reed, ante la posibilidad de un triunfo de la coalición en las elecciones del 2000 no ve que habría un impacto negativo en la clasificación del riesgo país. Esto, dice el banquero, porque los miembros de la coalición ya en el gobierno no cambiarían “el rumbo del país de una manera importante”. El responsable de la operación internacional del Citigroup asegura que las elecciones pueden “ser muy interesantes para los mexicanos, pero no va a ser gran cosa para la economía internacional”. La comunidad financiera internacional no teme, pues, al arribo de un gobierno que surja de la coalición y más bien le ve ventajas.
La posibilidad de la coalición ha crecido en esta semana con el esfuerzo y disposición de las partes. Todavía no hay que echar las campanas a vuelo, pero de la primera vez que Cuauhtémoc Cárdenas lanzara en Cuernavaca la idea de la formación de una coalición opositora al punto en el que ahora se encuentra la discusión evidencia que es mucho lo que se ha logrado avanzar. Se está a punto de conseguir la cima, pero los últimos metros son siempre los más difíciles. El propósito de constituir la alianza y de alcanzar un triunfo en las elecciones del 2000 no puede ser –hay que insistir en ello– el sólo derrotar al PRI, para luego repetir lo que la coalición que nació de la Revolución hizo y continúa haciendo. De lo que se trata es de establecer el nuevo pacto, producto del consenso, que dé certidumbre y rumbo al proyecto de nación. Hace tiempo lo perdimos. El país camina por el impulso de la inercia, pero ya no con una orientación precisa. Urge recuperarla. Es posible.
Posdata:
Dos niños guineos, Vaguine Koita y Fodé Tounkara, de 14 y 15 años de edad, murieron congelados en el tren de aterrizaje de un airbus de Sabena que cubre la ruta Conakry (Guinea)-Bruselas. Sus cuerpos fueron encontrados el lunes dos de agosto. Estaban muy abrigados, pero aún así no pudieron resistir las temperaturas de 50 grados bajo cero a los diez mil pies de altura. Apretada en la mano de uno de ellos se encontró una carta, redactada con sencillez y candor, pero también con lucidez, que explica a sus “Excelencias, Señores miembros responsables de Europa” sus razones para intentar llegar a Europa. Entre otras cosas la misiva que ahora conmueve a los europeos dice: “… si ustedes ven que nos sacrificamos y exponemos nuestras vidas, es porque se sufre demasiado en Africa. Sin embargo, queremos estudiar, les pedimos que nos ayuden a estudiar para ser como ustedes en Africa”. La carta, que sin reclamos y odios es un grito de dolor y de auxilio, va a ser enviada por el gobierno belga al Consejo de Ministros de la UE.