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Rubén Aguilar Valenzuela

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Archivos de la categoría ‘El narco: la guerra fallida’

Carmen Aristegui. 22 de octubre 2009

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Noviembre 9, 2009

Entrevista realizada el 22 de octubre del 2009 para MVS Radio. Conduce Carmen Aristegui.

1/3     http://www.youtube.com/watch?v=2ScOKjbtcDY&feature=related

 

2/3    http://www.youtube.com/watch?v=VtPxHPqa1UU&feature=related

 

3/3    http://www.youtube.com/watch?v=mNY-kIahPS0&feature=related

 

 

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Carmen Aristegui. 20 de octubre 2009

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Noviembre 6, 2009

Entrevista realizada el 20 de octubre del 2009. Transmitida por CNN en español. Conduce Carmen Aristegui

1/2     http://www.youtube.com/watch?v=S89_XW86mTw

2/2      http://www.youtube.com/watch?v=Nq2_hcSI4HI&feature=related

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Nota publicada por Mirko Lauer. Lima, Perú

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Noviembre 6, 2009

Periódico La República
Lima, Perú
03 de Noviembre
Por Mirko Lauer

 

Esa guerra no me gusta

 

El ex canciller mexicano Jorge Castañeda y Rubén Aguilar acaban de lanzar El narco: la guerra fallida, un libro que predica el fracaso de la estrategia del presidente Felipe Calderón contra los carteles de la droga. En realidad el libro va más allá: la guerra era innecesaria, y fue lanzada solo para legitimar unos comicios cuestionados.

La estrategia alternativa que los autores proponen incluye “reducir los efectos colaterales de la lucha contra el narcotráfico, crear una policía nacional y abrir el debate sobre despenalización de las drogas”. Esto contradice la imagen que existe sobre los carteles como una corporación con capacidad de jaquear al Estado mexicano en cualquier momento.

En el fondo la propuesta de Castañeda-Aguilar es desmantelar la Iniciativa Mérida, un acuerdo de EEUU, México y Centroamérica para la militarización de la lucha anti-drogas, en la línea del Plan Colombia. Con tres años de una guerra en las calles sin visos de concluir, empiezan a haber oídos atentos a esto en la sociedad mexicana.

Vista desde una perspectiva peruana, la encrucijada es conocida, si bien en México se da a mucha mayor escala: la lucha frontal contra los narcotraficantes equivale a tirarle piedras a un avispero, mientras que cualquier otra estrategia ayuda a mantener algo de calma social. Con lo cual los peores problemas son empujados hacia delante.

Como el Perú está en una guerra militar-policial contra sus propios narcotraficantes, el tema indudablemente nos interesa. Aquí ya hemos vivido treguas tácitas con el narcotráfico, y en efecto eso ha producido periodos de relativa tranquilidad. Pero eso no ha alejado el problema del narcotráfico, al contrario.

Denise Maerker ha sintetizado la posición de los dos autores como que proponen no ir contra el tráfico mismo sino contra los efectos colaterales dañinos que este provoca: asesinatos, inseguridad, corrupción. Debemos recordar que en México el asunto no se desarrolla en zonas alejadas, como aquí, sino en espacios centrales.

¿Es posible realmente para el gobierno de Calderón ir a la tregua con el narcotráfico implícita en la propuesta de los dos autores? A estas alturas probablemente no. Pero el debate lanzado, que indudablemente también tiene un lado electoral, tampoco va a desaparecer, sobre todo si no se producen algunas victorias demostrables.

Sin duda la muerte de Pablo Escobar y la prisión de los cabecillas de los principales carteles no terminaron con el negocio de la droga. Pero fue un punto de inflexión del que resultó un viraje importante. Los avances del presidente Álvaro Uribe no se pueden explicar fuera del contexto de aquella costosa confrontación.

 

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Entrevista en Revista Proceso, octubre 2009

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Octubre 30, 2009

PROCESO

“No era para tanto…” entrevista de Rodrigo Vera

Páginas 26, 27 y 28

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Nota publicada por Jorge Camil. La Jornada

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Octubre 30, 2009

la-jornada-trans

Jorge Camil
Opinión
30 de octubre 2009

¿Guerra fallida o estrategia política?

Esta vez Rubén Aguilar y Jorge G. Castañeda publican El narco: la guerra fallida, libro sobre la guerra contra el crimen organizado. No son válidos los argumentos del gobierno, afirman desde el prólogo de la obra. Y tras desmenuzar las razones esgrimidas por Calderón en su declaración de guerra del 11 de diciembre de 2006 concluyen, con estadísticas de encuestadoras confiables, que México no está en riesgo inminente de que la droga llegue a nuestros hijos, porque el uso de estupefacientes se ha mantenido estable, por debajo de los demás países latinoamericanos, y que tampoco hemos pasado de país de tránsito a país de consumo. Por otra parte, concluyen que la violencia (descontando la directamente atribuible a la guerra presidencial) no va en aumento y que la corrupción es la misma que hemos padecido desde tiempos inmemoriales. Dicen que los cárteles de la droga no amenazan al Estado mexicano, aunque en este punto reconozco que las entrevistas y discursos presidenciales han ido de aquí para allá según conviene a sus muy personales intereses políticos.

Para Calderón somos un Estado en riesgo de ser inviable, si se trata de justificar la guerra contra el crimen organizado, pero estamos lejos de caer en el calificativo de Estado fallido cuando no es necesario esgrimir justificación alguna. (En Guatemala, esta semana, Calderón afirmó en el Congreso que la guerra contra el narco no es una obsesión. se justifica porque el narco busca apoderarse de nuestra sociedad.) Recuerdo que hace un año el Presidente le aseguró a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas que en breve regresaría el Ejército a los cuarteles, aunque un día después la Defensa haya anunciado que continuaría el combate porque el narcotráfico había puesto en riesgo la viabilidad del país. Y no obstante la vigorosa defensa a principio del año en Davos, para refutar a funcionarios estadunidenses que nos consideraban un Estado fallido, Calderón había reconocido en Madrid, en junio de 2008, que “el crimen organizado comenzaba a oponer su propia fuerza a la fuerza del Estado, a oponer su propia ley a la ley del Estado, e incluso a recaudar contra la recaudación oficial.

Aguilar y Castañeda analizan la incursión del narco en la vida política, y concluyen que la de hoy no es ni mejor ni peor que la de hace 25 años: la misma corrupción, la misma complicidad, y las mismas áreas grises que impiden identificar claramente a policías y ladrones. ¿Posible participación de altos funcionarios (secretarios y procuradores) en el negocio de la droga? Contestan: resulta tan difícil demostrar o probar que algunos hayan sido cómplices, activos o pasivos, como imaginar que ninguno lo haya sido. 

Uno de los motivos para la guerra fue la supuesta importación masiva de armas de grueso calibre de Estados Unidos. Los autores lo rechazan: ni la importación es masiva (lo demuestran con estadísticas confiables) ni todas las armas provienen de Estados Unidos; hoy día más de 14 países producen y venden el arma de elección, el cuerno de chivo.

En una pequeña obra plagada de estadísticas, pero también de buen humor, los autores aseguran que Calderón se pudo haber embarcado en una magna cruzada contra el crimen no organizado, una especie de cero tolerancia a la Rudy Giuliani. Pero eso no hubiera despertado las pasiones y adhesiones de la guerra contra el narco. Y sobre todo, no hubiera sido necesario vestir la casaca militar para publicitar el carácter de comandante en jefe del Presidente. El Ejército no podía convertirse en una fuerza antisecuestro. antifranelera y directamente antiPeje. 

En esta guerra perdida de antemano el Presidente olvidó las tres recomendaciones de Colin Powell para la primera guerra del golfo Pérsico: superioridad de fuerzas (avasallar al enemigo), una clara estrategia de salida y una más clara definición de lo que constituye la victoria. Acusamos a Estados Unidos de ser el origen del problema (pinches gringos mariguanos, exclaman los autores parafraseando al mexicano de la calle), pero ellos ya van de salida: están a punto de convertir el tema del consumo en un problema social y de salud, mientras nosotros lo seguimos considerando un problema penal: perseguir y castigar, no rehabilitar. Uno de los autores propuso hace poco negociar con el narco y ahora proponen una solución al estilo de Colombia: atacar los daños colaterales (robo, secuestro, delitos menores), mientras el Estado se enfrasca con el narco en un quid pro quo de valores entendidos: qué puedes hacer y qué no.

Dicen que en el tema de las drogas todos los estados se hacen de la vista gorda. Grave acusación, la de Aguilar y Castañeda, porque las conclusiones, anticipadas en el inicio de la obra, plantean una pregunta obligada que también fue contestada en el prólogo: la razón primordial de la declaración de guerra fue política: lograr la legitimación supuestamente perdida en las urnas y los plantones, a través de la guerra en plantíos, calles y carreteras, ahora pobladas por mexicanos uniformados.

 

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