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Rubén Aguilar Valenzuela

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Archivo de 10/11/09

Los jesuitas

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Noviembre 10, 2009

elimparcialelfinanciero

 

 

El 16 de noviembre se cumplen 20 años del asesinato de los jesuitas y de las personas que trabajaban con ellos en San Salvador. En la madrugada de ese día, en su casa de la Universidad Centroamericana (UCA) fueron masacrados por elementos del ejército. Todos recibieron un tiro de gracia.

En esa trágica ocasión perdieron la vida: Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno (españoles que habían adoptado a El Salvador como su patria), el salvadoreño Joaquín López y la empleada doméstica Elba Ramos y su hija Celina, de sólo 14 años. 

Unos días antes, el 12 de noviembre de 1989, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) había realizado la más grande ofensiva desde el inicio de la guerra en 1981. El ejército se sintió humillado y en venganza tomó la decisión de asesinar a los jesuitas y a quienes con ellos laboraban.

La UCA tuvo un papel fundamental en la construcción de un pensamiento independiente y de una conciencia crítica en una sociedad caracterizada por el autoritarismo y la represión. Eran los años setenta y principios de los ochenta cuando la teología de la liberación vivía sus mejores momentos.

En El Salvador de esos años pensar por cuenta propia y decir lo que se pensaba implicaba jugarse la vida. De las aulas de la UCA salieron generaciones de jóvenes salvadoreños que se comprometieron con el cambio de la realidad de su país. Ahora son ellos quienes encabezan el gobierno.

Dada la posición independiente de los jesuitas y su trabajo por la justicia y el cambio social, había quienes en lo individual simpatizaban con el FMLN; ello provocó la reacción sistemática en su contra de parte del gobierno y sufrieron amenazas y diversos atentados que culminan con el asesinato de 1989.

Los miembros de la corresponsalía para México y Centroamérica de la Radio ARD de Alemania, Jörg Hafkemayer y Sybille Flaschka, entrevistaron al padre Ellacuría, entonces rector de la UCA, en abril de 1987. Le preguntan si no pensaba en ser asesinado. Él responde con mucha serenidad. Transcribo ahora, es un texto inédito, sus palabras:

“A nosotros hasta el año de 1983 nos pusieron como 12 cargas de dinamita en la Universidad. La casa en la que vivimos los jesuitas fue destruida dos veces. Se nos tiroteó y ahora han aparecido unas confesiones de las personas que realizaban esas acciones, que eran de los Escuadrones de la Muerte. Hoy no estamos en esa condición, pero uno no puede cantar victoria fácilmente. Ahora, por diversas razones, matarnos supondría un alto costo político para el gobierno. 

“A mí me presentan como prueba de la libertad de expresión que hay en El Salvador. Yo salgo en la televisión y critico públicamente las cosas. También critico al FMLN y hay bastante gente que antes creía que yo era una especie de irracional comandante del FMLN, que dirigía sus asuntos, pero ahora y después de verme en la televisión y oírme explicar con calma y objetivamente las circunstancias y decir que no estoy de acuerdo con esto del FMLN y tampoco con aquello del coronel Ponce (jefe del Estado Mayor del Ejército), creo que he ganado respetabilidad general con bastante gente. A los intelectuales y a los hombres de iglesia ahora se nos ataca mucho en los medios, pero las `bombas´ de papel no matan. No digo que no puedan cambiar las cosas, pero en realidad tengo que reconocer que desde hace tres o cuatro años me muevo con bastante tranquilidad dentro de El Salvador.”

El padre Ellacuría seguramente quería ver de manera positiva la situación de suyo tensa y complicada, y alejar de él y de sus compañeros la posibilidad del asesinato. Al final prevalecieron las dudas que él mismo manifiesta en la entrevista: el hecho de que no se podía cantar victoria y que las cosas podrían cambiar. Eso precisamente fue lo que ocurrió. 

Los jesuitas, en el aniversario de su asesinato, recibirán la Orden Nacional José Matías Delgado, que es la máxima condecoración que otorga El Salvador. En el decreto se afirma que es una forma de hacer “un acto público de desagravio, es decir, de reposición moral, por los errores que como Estado se cometieron en el pasado”.

Hoy, en la Audiencia Nacional de España y en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, avanzan los procesos contra 14 militares de alto rango que se consideran los autores intelectuales del crimen. Hace años fueron juzgados los responsables materiales. 

A la distancia de aquellos hechos podemos ver los cambios ocurridos en el mundo y en particular en El Salvador. En la región y en la patria adoptiva de Ellacuría ya no se asesina por las ideas y preferencias políticas. Después de los acuerdos de paz en 1992, que pusieron fin a una guerra civil de más de diez años, El Salvador tomó el camino de la democracia.

El FMLN ganó en las últimas elecciones presidenciales y hoy es gobierno en El Salvador. En la guerra salvadoreña murieron 75 mil personas. Su muerte no fue en vano. Al final tuvo un sentido y se inscribe en el esfuerzo de miles de salvadoreños que lucharon por cambiar la realidad del país y la región. Lo lograron.

 

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