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Rubén Aguilar Valenzuela

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Archivo de 6/11/09

Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Noviembre 6, 2009

El Universal

 

…. el 06 de noviembre, publiqué este artículo en El Universal…

 

Las primarias en el PRI

El proceso que ha vivido el PRI en estos últimos 90 días, mismos que duró la campaña de sus precandidatos a la Presidencia de la República, es el inicio de algo que todavía no se sabe bien dónde habrá de acabar. El día de mañana se va a conocer quien será el candidato oficial de ese partido para las elecciones presidenciales del 2000, pero nada más. Todo indica que las cosas no van a quedar ahí. La decisión del presidente Zedillo de renunciar al método tradicional en la elección del candidato del PRI a la Presidencia ha abierto la “caja de pandora” y despertado, de un solo golpe, a una estructura dormida y anquilosada que se ha puesto en movimiento, pero que todavía no queda claro hacia dónde va.

El Presidente y el PRI estaban obligados a buscar nuevas maneras para canalizar las tensiones en el interior del partido y también para hacer frente a la realidad de una verdadera competencia electoral. El costo de no hacerlo era mayor al de no intentarlo. La experiencia en algunos estados revelaba que la contienda interna tendía a fortalecer las posibilidades de victoria de los candidatos priístas al legitimarlos frente a los electores y que la práctica del “dedazo” empezaba a resultar contraproducente. Los hechos demostraban que si se quería pelear la Presidencia en el 2000 había que hacer cambios en la manera de elegir al candidato. La decisión estaba, pues, bien fundada y el riesgo de lo que podría pasar también previamente calculado.

Lo ocurrido en estos días al interior del PRI no puede minimizarse. La confrontación intensa, incluso ríspida, entre los precandidatos durante la campaña habla de un verdadero cambio y también de la presencia de grupos e intereses distintos y muy fuertes al seno del partido. La contienda ha permitido que salgan a luz y se expresen las fuerzas que existen en el PRI que han estado presentes desde siempre, pero que un entorno electoral muy diferente al actual había logrado que permanecieran ocultas y en un nivel distinto de enfrentamiento. La imposibilidad real de garantizar el triunfo en la elección presidencial y lo que esto acarrea es la razón de fondo que ha permitido el cambio del modelo de elección interna, pero también la toma de posición de las distintas fuerzas al interior del PRI.

El Presidente a la hora de decidir renunciar a uno de los atributos fundamentales de su cargo, debió haber considerado cuales serían los escenarios en los que podría terminar el proceso interno, pero lo inédito del camino a seguir hacía imposible prever todo lo que ahora ha ocurrido. La contienda parecería haberse salido del diseño previsto. Los precandidatos se han dicho de todo. El nivel del enfrentamiento entre Francisco Labastida y Roberto Madrazo, expresión de intereses y grupos distintos, ha resultado algo mas allá de lo que se pudiera haber imaginado. De la forma en la que se han atacado y descalificado mutuamente parecería que ya no existe la posibilidad de que estas dos expresiones del PRI pudieran reencontrarse.

En las intervenciones de los precandidatos en el acto que marcó el cierre de la campaña interna del PRI se encuentra ya una primera evaluación de lo sucedido y también se pueden derivar algunas de las líneas que señalan el camino que habrá de seguir el partido y sus distintas fuerzas en el futuro próximo. Todos los precandidatos, con excepción de Francisco Labastida al que siempre se le ubicó como el “favorito” del Presidente, son muy críticos de la manera como se desarrolló el proceso. Sostienen que no fue equitativo y que la maquinaria del partido, de la cuál ellos han sido parte, funcionó en favor del candidato “oficial”.

Es evidente que en la elección interna los “dados estaban cargados” en favor de Labastida. Sólo hay que ver como el aparato se hizo presente en el cierre de su campaña. El Presidente renunció a una manera de elegir, ya no necesariamente a su sucesor, sino ahora sólo al candidato de su partido a la Presidencia, pero no a participar en el proceso y apoyar a su candidato. Está en su derecho y en todo caso de lo que se le puede criticar es que no se haya sujetado a las reglas que él mismo puso. La contienda no resultó equitativa y el aparato volvió a utilizar sus viejas maneras para garantizar que el candidato “oficial” se alce con la victoria el día de mañana. Esto es cierto, pero tampoco se puede ignorar que hay cambios reales y se juegan nuevas alternativas.

De continuar en el modelo anterior los días del PRI estaban contados, pero ahora, dentro de vicios e inercias, se abren nuevas posibilidades para ese partido. No queda claro que el proceso de cambio que se ha iniciado llegue a feliz término e incluso hay muchos signos que evidencian rupturas y desgarramientos, pero lo que es cierto es que el PRI se está dando una nueva oportunidad que no deja de implicar riesgos y altos costos. Para permanecer en la vida política del país no tiene otra alternativa, pero también es cierto que el Presidente, su líder máximo, pudo elegir el que las cosas siguieran simplemente como estaban. Las transformaciones han sido menores a las que se habían anunciado, pero se han dado.

La única buena posibilidad que tiene el PRI es profundizar el camino del cambio y asumir el costo de los mismos. Esta primera elección interna del PRI para elegir al candidato a la Presidencia, dice Roque Villanueva ha “resultado dolorosa y traumática” y provocado “heridas profundas que tardarán en cicatrizar”. El candidato seguramente más afectado por los vicios el actual proceso, Roberto Madrazo, que en un momento llegó a sentirse el ganador de la contienda en su discurso de cierre dejó en claro que no va a aceptar que en nombre de la “unidad a cualquier precio” se le impongan decisiones. ¿Prepara ya su salida del PRI? ¿Es sólo amenaza para negociar en una mejor posición?

El precandidato del aparato oficial, Francisco Labastida, sintiéndose ya el ganador dijo en su discurso de clausura que en la elección de mañana no está a prueba el PRI sino “la integralidad y lealtad de los contendientes”. Descalifica así cualquier posible cuestionamiento de los otros precandidatos y les llama al alineamiento. Deja en claro, eso sí, que si son “leales” con él sabrá reconocerlos como hombres “íntegros”. Esta afirmación del seguramente ganador de la contienda de mañana no es el mejor de los signos de los supuestos nuevos tiempos. Lo que sí es evidente, a pesar de estas declaraciones, es que el PRI de mañana ya no será el de antes. La moneda está en el aire. El cambio que ahora se inicia, con presencia enorme todavía de lo viejo, puede conducir al éxito y también al fracaso, pero no intentarlo implica sólo la última de las posibilidades.

 

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Carmen Aristegui. 20 de octubre 2009

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Noviembre 6, 2009

Entrevista realizada el 20 de octubre del 2009. Transmitida por CNN en español. Conduce Carmen Aristegui

1/2     http://www.youtube.com/watch?v=S89_XW86mTw

2/2      http://www.youtube.com/watch?v=Nq2_hcSI4HI&feature=related

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Nota publicada por Mirko Lauer. Lima, Perú

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Noviembre 6, 2009

Periódico La República
Lima, Perú
03 de Noviembre
Por Mirko Lauer

 

Esa guerra no me gusta

 

El ex canciller mexicano Jorge Castañeda y Rubén Aguilar acaban de lanzar El narco: la guerra fallida, un libro que predica el fracaso de la estrategia del presidente Felipe Calderón contra los carteles de la droga. En realidad el libro va más allá: la guerra era innecesaria, y fue lanzada solo para legitimar unos comicios cuestionados.

La estrategia alternativa que los autores proponen incluye “reducir los efectos colaterales de la lucha contra el narcotráfico, crear una policía nacional y abrir el debate sobre despenalización de las drogas”. Esto contradice la imagen que existe sobre los carteles como una corporación con capacidad de jaquear al Estado mexicano en cualquier momento.

En el fondo la propuesta de Castañeda-Aguilar es desmantelar la Iniciativa Mérida, un acuerdo de EEUU, México y Centroamérica para la militarización de la lucha anti-drogas, en la línea del Plan Colombia. Con tres años de una guerra en las calles sin visos de concluir, empiezan a haber oídos atentos a esto en la sociedad mexicana.

Vista desde una perspectiva peruana, la encrucijada es conocida, si bien en México se da a mucha mayor escala: la lucha frontal contra los narcotraficantes equivale a tirarle piedras a un avispero, mientras que cualquier otra estrategia ayuda a mantener algo de calma social. Con lo cual los peores problemas son empujados hacia delante.

Como el Perú está en una guerra militar-policial contra sus propios narcotraficantes, el tema indudablemente nos interesa. Aquí ya hemos vivido treguas tácitas con el narcotráfico, y en efecto eso ha producido periodos de relativa tranquilidad. Pero eso no ha alejado el problema del narcotráfico, al contrario.

Denise Maerker ha sintetizado la posición de los dos autores como que proponen no ir contra el tráfico mismo sino contra los efectos colaterales dañinos que este provoca: asesinatos, inseguridad, corrupción. Debemos recordar que en México el asunto no se desarrolla en zonas alejadas, como aquí, sino en espacios centrales.

¿Es posible realmente para el gobierno de Calderón ir a la tregua con el narcotráfico implícita en la propuesta de los dos autores? A estas alturas probablemente no. Pero el debate lanzado, que indudablemente también tiene un lado electoral, tampoco va a desaparecer, sobre todo si no se producen algunas victorias demostrables.

Sin duda la muerte de Pablo Escobar y la prisión de los cabecillas de los principales carteles no terminaron con el negocio de la droga. Pero fue un punto de inflexión del que resultó un viraje importante. Los avances del presidente Álvaro Uribe no se pueden explicar fuera del contexto de aquella costosa confrontación.

 

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