Cumbre Iberoamericana: retos y perspectivas
Publicado el 24 de Octubre de 1998.
Una vez más la celebración de la Octava Cumbre Iberoamericana abrió el debate, como ha sucedido todos los años desde que ésta tiene lugar, sobre la pertinencia y utilidad de la misma. Se plantean dos posturas: una sostiene que la reunión es inútil y no tiene relevancia, porque no existen mecanismos que obliguen al cumplimiento de los acuerdos. Otra propone, me incluyo en esa, que si bien no existen compromisos de carácter vinculante, el hecho de que se reúnan los líderes de las naciones iberoamericanas, cambien impresiones, discutan y lleguen a consensos en la manera de analizar los problemas mundiales y regionales, e incluso vislumbren caminos a seguir, es de por sí un logro importante, aunque se puede ir todavía más lejos.
La Cumbre Iberoamericana es el único espacio que permite el encuentro, en condición de iguales y a iniciativa propia, de los líderes políticos de los 19 países de América Latina y también de los de España y Portugal. La otra reunión que podría tener alguna semejanza, la que se conoce como Cumbre de las Américas y que se celebra cada cuatro años, se organiza bajo la égida del gobierno de Estados Unidos -Cuba, por lo mismo, siempre es excluida con la anuencia de los demás países del Continente- y tiene como propósito único la creación del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que cuenta con el apoyo del ahora debilitado presidente Clinton, pero con el rechazo del Congreso estadounidense. En esta instancia Estados Unidos tiene, esa es la realidad, la “sartén por el mango”.
En la última Cumbre Iberoamericana el formato se modificó para facilitar el intercambio de los mandatarios, evento que siempre constituye el logro inmediato y más evidente de estas reuniones. En Oporto (Portugal), sede del encuentro los días 17 y 18 de octubre, se reduje el tiempo de los discursos en la plenaria y se amplió el dedicado a la discusión abierta ya los encuentros personales. La modificación de la dinámica ha evitado las interminables intervenciones -el comandante Fidel Castro es un caso perdido, cuando tenía 15 minutos para clausurar el evento hizo una exposición de hora y media- y elevado el número de las reuniones entre los mandatarios.
Un logro evidente de la Cumbre de Oporto, que puede ayudar a elevar la eficiencia y eficacia de las próximas reuniones, es el acuerdo de crear una “secretaría de cooperación” que dé seguimiento a los resolutivos de las mismas. En las discusiones se habló de una organización pequeña y no burocrática que podría tener su sede en Madrid, pero estaría presidida por un latinoamericano. La estructura y funcionamiento de esa oficina se va a diseñar en la Cumbre a celebrarse en La Habana en 1999 con el tema de “Iberoamérica y los grandes desafíos de una economía globalizada”. Otro acuerdo de carácter operativo fue la creación, a iniciativa de España, de un “fondo de contingencia” -en el marco del Fondo Monetario Internacional (FMI)- para fortalecer a las economías de aquellos países que han realizado reformas estructurales. El gobierno de Aznar comprometió ya 5 mil millones de dólares, de los cuales 3 mil millones están destinados a América Latina, y el de Menem mil millones.
La Octava Cumbre concluyó sus debates con la aprobación de la Declaración de Oporto y cuatro anexos: Crisis financiera internacional; Proceso de pacificación en Colombia; Diferendo limítrofe Perú-Ecuador y Cumbre América Latina-Unión Europea (UE). El documento insiste en la necesidad de diseñar un nuevo sistema financiero internacional, porque el actual ya no responde a las necesidades de los países. Se hace un llamado para que el Grupo de los 7 (G-7) y la Unión Europea (UE) asuman el liderazgo que les corresponde para poner en marcha medidas que eviten la recesión mundial. El anexo dedicado a la crisis financiera se elaboró a solicitud del gobierno de México y fue también redactado por Brasil, España y Portugal. En el texto se dice que los países de Iberoamérica son ajenos al origen de la actual crisis financiera y advierten sobre el peligro del resurgimiento de políticas proteccionistas.
Sobre el tema central de la reunión, “Los desafíos de la globalización y la integración regional”, la declaración señala que a pesar de las oportunidades que brinda la globalización, los países de la región se enfrentan todavía a “grandes retos para reducir las desigualdades económicas y sociales” y por eso mismo advierte sobre la necesidad de continuar en la “búsqueda de la justicia social, la elevación de los niveles de bienestar de las sociedades, el apoyo a los sectores más vulnerables y el refuerzo de la cooperación internacional para apoyar a las regiones menos desarrolladas”. En la sesión inaugural, el primer ministro portugués, Antonio de Oliveira, había dicho que era necesario “legitimar la globalización”, porque no se trataba de asumir una globalización cualquiera sino una que, regulada, permita combatir riesgos y donde existan organismos regionales fuertes y una sólida cooperación internacional.
Resulta muy significativo, de cara al ALCA, la importancia que se otorga a la reunión entre los países de América Latina y la Unión Europea, a celebrarse en Río de Janeiro en julio de 1999. El texto subraya la necesidad de profundizar la cooperación y dinamizar el proceso de negociación que conduzca a “acuerdos concretos” entre las dos partes. La declaración reitera lo dicho en otras cumbres sobre el rechazo enérgico a la aplicación extraterritorial de leyes nacionales, las operaciones encubiertas que violan las leyes de terceros países y su oposición al embargo económico de Estados Unidos a Cuba. A este último le insiste en el “compromiso regional” de “fortalecer las instituciones democráticas, el pluralismo político, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.
Lo más importante de lo que ocurrió en la Cumbre de Oporto es la nueva conciencia que tienen los gobiernos iberoamericanos sobre la necesidad de actuar juntos, lo que abre nuevas posibilidades a las siguientes reuniones. En la parte final de la declaración se plantea que los compromisos adquiridos “deberán inspirar una actuación coordinada de los gobiernos, de modo que la comunidad iberoamericana adquiera y papel cada vez más activo y responsable en la escena internacional”. Para que eso suceda se hace necesario que las reuniones sean más operativas y se establezcan nuevos y mayores niveles de coordinación entre los gobiernos, para juntos hacer un frente a los problemas y también para hacer valer su posición. Se trata de asumir un papel activo y no sólo pasivo en el diseño y la realización, de la política internacional. Ese es el futuro de la Cumbre y en esa dirección habría que trabajar.
Posdata:
La crónica del viaje del Presidente de la República al extranjero ocupaba, años atrás, las ocho columnas de los periódicos y el más importante espacio en, los noticieros de radio y televisión. Con el viaje de Estado del presidente Zedillo a Inglaterra y Portugal no ha sucedido así. La noticia se perdió entre otras muchas. Los viajes presidenciales utilizados para fomentar el culto a la personalidad y tratar de engañar a la sociedad sobre la. supuesta importancia internacional del presidente en turno se ubican ahora, ante la dimensión de los problemas nacionales y el fin del presidencialismo, en su justa dimensión.