Mis cuadernos:

Rubén Aguilar Valenzuela

  • Archivo general

  • Calendario de publicaciones

    Octubre 2008
    L M X J V S D
    « Sep   Nov »
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    2728293031  

Archivo de 21/10/08

La Nicaragua del miedo

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Octubre 21, 2008

Managua, Nicaragua. La primera vez que estuve en Nicaragua fue en diciembre de 1979. Hacía sólo cinco meses que había triunfado la revolución. En los años de la guerra civil en El Salvador viví aquí parte de 1981 y 1982, y viajé con frecuencia durante 1983 y 1984. Ya como consultor y académico han continuado mis visitas. La semana pasada fui jurado de un certamen nacional de periodismo e impartí conferencias en el Departamento de Comunicación de la UCA, las universidad de los jesuitas en Managua. 

El sandinista Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, quien diseñó y coordinó la campaña, ganaron la elección presidencial en noviembre del 2006. Para el triunfo resultó clave el pacto con los liberales, el partido de somoza, y los sectores más conservadores de la Iglesia católica. A unos garantizó la impunidad y el reparto institucional y a los otros la abolición del aborto terapéutico que estaba en la ley de salud.

Ortega tomó posesión en enero del 2007 en una ceremonia que pretendía recordar los tiempos de la revolución. Volvía al poder 17 años después de perder en 1990 la elección frente a Violeta Chamorro. A su derrota, en esa ocasión, contribuyó la guerra de la “contra” y la intervención de los Estados Unidos, pero también la incapacidad de su gobierno para proponer un proyecto viable para el país.

En los 22 meses que Ortega tiene al frente del poder ha logrado dos cosas: polarizar radicalmente a la sociedad y sembrar el miedo. El miedo, que ahora invade a la sociedad nicaragüense, cruza todos los niveles sociales. El gobierno exige sumisión de los suyos y también de los que no lo son. Quien se atreve a disentir se enfrenta a la poderosa estructura del partido y su gobierno. Sólo hay lugar para los incondicionales.

Ortega no acepta que simplemente ganó una elección, esto con escasa participación y apenas el 38 por ciento de los votos, y que terminada la contienda debe gobernar para toda la sociedad y no sólo para los suyos. Él actúa, en remembranza de otros tiempos,  como si hubiera ganado el poder por la vía de las armas y eso le da derecho a imponer, sin más, su proyecto.

El gobierno de Ortega busca minar la capacidad de la oposición. En acuerdo con el Consejo Electoral ilegalizó al Partido Conservador y al Movimiento de Renovación Sandinsita (MRS) fundado por cuadros históricos del FSLN, que ahora son opositores al oficialismo. Intenta también acotar el accionar de las organizaciones de la sociedad civil y ha desatado una intensa campaña de desprestigio acusándolas de malos manejos administrativos, de aliarse al imperialismo y asociarse con el somocismo.

A las voces independientes que se oponen al creciente autoritarismo de Ortega se las hostiga y amenaza. En una muestra de lo que son las  “nuevas” maneras los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), versión corregida de los Comités de Defensa Sandinista (CDS) que existieron al inicio de la revolución, se han tomado todas las glorietas y algunas esquinas de Managua y permanecen ahí las 24 horas del día, con el propósito de impedir que la oposición pueda usar esos espacios en actos de campaña.

Al malestar de las bases sandinistas y a la crítica situación económica de los sectores populares, se intenta responder con los recursos que otorga el presidente Chávez. El gobierno ahora teme que el venezolano no cumpla con las cantidades acordadas ante la caída de los precios del petróleo. No todo el dinero que envía Chávez entra a las arcas del gobierno y una parte importante llega directo a Ortega que lo maneja a discreción.

Mucha gente ahora tiene miedo. No se atreven a expresar su opinión. Hacerlo puede provocar una agresiva e ilegal auditoria fiscal, una golpiza en la calle, ser marginado de los servicios públicos o recibir diverso tipo de amenazas. En un entorno económico difícil, escasea el trabajo, cada quien busca salidas individuales a sus problemas. El tejido social está roto. La fuerza de la sociedad civil organizada no se expresa. Está por ahora agazapada.

El proyecto, el discurso y las consignas de Ortega y los suyos son las mismas que hace 30 años. Para ellos nada ha cambiado y el mundo sigue siendo el mismo. Se niegan a pensar y buscar alternativas. Se refugian en el pasado y repiten fórmulas que ya demostraron no ser la solución para impulsar el desarrollo del país y resolver sus rezagos históricos.

El nueve de noviembre hay elecciones municipales. El grupo de Ortega anuncia que ya ganaron a través de los canales de televisión y las radios que controla. Se pretende disuadir a la población de que vaya a votar. El abstencionismo favorece a Ortega y la alta participación a la oposición. Una intensa votación haría más difícil el intento de fraude por parte del gobierno que ahora controla el Consejo Electoral y también al Poder Judicial. Ambos obedecen en directo a Ortega. Faltan quince días para saber cuál será el futuro inmediato de Nicaragua. Si avanza el autoritarismo o la ciudadanía se decide a ponerle un hasta aquí.

 

Publicado en El Financiero | 2 Comentarios »