Hace diez años, publiqué en El Universal el artículo que ahora comparto:
Alemania socialdemócrata
Publicado el 03 de octubre de 1998.El electorado alemán decidió el pasado domingo que el demócrata -cristiano Helmut Kohl había cumplido con su misión y se hacía necesario un cambio. Los 16 años a la cabeza del gobierno de un mismo nombre, el “canciller eterno”, parecían ya muchos. La sociedad alemana se pronunció por la alternancia de los hombres y las ideas. El voto a favor de la socialdemocracia, representada por Gerhard Schröder, el ahora nuevo canciller, expresa la esperanza de que el nuevo gobierno haga mejor las cosas y resuelva problemas que no pudieron hacer los demócrata -cristianos, pero no apuesta a un cambio radical.
Los contenidos de la campaña electoral, que giró más en el carisma de los contendientes que en claras propuestas de gobierno, revela qué ofrecían al electorado cada una de las partes. La Democracia Cristiana (CDU) de Col asumió como lemas centrales la “Seguridad en lugar de riesgo” y “La clase mundial para Alemania”. Se esperaba que la sociedad valorara el pasado y se decidiera por la continuidad. El primero de los lemas buscaba atemorizar ante los riesgos que podría implicar un cambio, y el segundo se proponía presentar al canciller Kohl como un dirigente detalla internacional único que no podía ser reemplazado por las nuevas figuras políticas.
La Social Democracia (SPD) de Schröder tomó como los lemas centrales de la campaña el “No haremos las cosas de manera muy diferente, pero las haremos mejor” “Gracias Helmut, pero ya es suficiente”. Se apostaba a que la sociedad valorara el cambio y las posibilidades que éste le podría brindar. El primero de los lemas pretendía tranquilizar al electorado al decirle que no habría grandes cambios en la política, pero que era posible que las cosas se hicieran mejor, y el segundo reconocía lo hecho por el canciller Kohl, pero indicaba la necesidad de dar espacio para que otros actores tuvieran oportunidad de hacer las mismas cosas, pero de manera diferente.
Las encuestas previas a la elección daban un empate técnico entre la Democracia Cristiana (CDU) y la Social Democracia (SPD), pero el día de los comicios el electorado se pronunció con claridad por la alternancia. De los 82 millones de habitantes que tiene Alemania, votaron 60 millones, que representan prácticamente 100% de los que están en condición de hacerlo. La SPD obtuvo 41% de los votos, que le da 298 representantes en el Parlamento, y la CDU-CSU, 35%, que le da 245. El total de los escaños en el Parlamento es de 669. Los socialdemócratas para hacer mayoría tendrán que aliarse con el Partido de Los Verdes que obtuvo 6.7% de los votos, que le da 47 puestos. La posibilidad de la coalición “rojiverde”, como se conoce esta alianza, que podría gobernar los próximos cuatro años en Alemania, no tiene precedentes en el gobierno federal.
En estas elecciones resultaba importante conocer la dimensión de las fuerzas políticas de la ultraderecha surgida en los últimos años. Ninguno de los tres partidos que se inscriben en esta línea pudo conseguir el mínimo de 5% del porcentaje de los votos que se exigen para poder estar en el Parlamento. Lo que resultó sorpresivo fueron los resultados alcanzados por el Partido del Socialismo Democrático (PDS) que reúne a antiguos comunistas de la que fuera la Alemania Oriental, que obtuvo 5.1% de los votos, que le permiten enviar 35 representantes al Parlamento. El PDS ofreció aliarse a la posible coalición “rojiverde”, pero no ha recibido respuesta de sus integrantes.
El gobierno de Schröder, un día después de haber sido designado como nuevo canciller de Alemania, ha propuesto ya un “Plan de cien días” que ofrece caminos de solución a lo que hoy se consideran son los más graves problemas del país: el desempleo que afecta a 4 millones de alemanes; la Reforma Fiscal, para reducir impuestos y mejorar las condiciones de la pequeña y mediana empresa; acelerar el proceso de igualación de las dos Alemanias, en lo que era la Oriental el desempleo alcanza hasta 20% y los salarios son 20% menores que en la Occidental; reformar la política social que implica dar marcha atrás a recortes hechos por el gobierno de Kohl.
Los Verdes han aceptado la alianza con los socialdemócratas y el nuevo canciller tiene hasta el 27 de octubre como tiempo máximo para formar gobierno. Los Verdes sostienen posiciones que para los socialdemócratas y amplios sectores del electorado resultan inaceptables, tales como su propuesta de disolución de la OTAN. El canciller Schröder les ha advertido que no puede aceptar “exigencias exageradas” y que el programa de la coalición que surja de las negociaciones necesariamente deberá “tener un carácter vinculante por los cuatro años” que dure el gobierno. Los Verdes han hecho ya declaraciones que matizan sus posiciones más radicales.
Schröder insiste en tres condiciones en las negociaciones con Los Verdes: asegurar la estabilidad económica; mantener el orden público y dar continuidad a la política exterior. Los Verdes sostienen como requisitos previos: luchar contra el desempleo; establecer un impuesto ecológico; abandonar la energía nuclear y reformar la ley de nacionalidad, para permitir que los extranjeros nacidos en el país la puedan obtener. En principio ya hay acuerdos en torno a la lucha contra el de empleo, la reforma de la ley de nacionalidad y la continuidad de la política exterior. Las discusiones entre socialdemócratas y Verdes no van a ser fáciles, pero todo indica que sí van a llegara un acuerdo y Schröder podrá formar gobierno antes del tiempo señalado.
La llegada de los socialdemócratas al poder en Alemania eleva a 13 el número de los países de Europa que cuentan con gobiernos de esa línea. Las plataformas de la socialdemocracia europea se caracterizan por dos puntos centrales que toman distancia del modelo neoliberal ahora en desuso: una agresiva política social ante cuya responsabilidad el Estado no puede claudicar, y una política de fomento al empleo como tarea compartida del Estado, los sindicatos y los empresarios. No es la “mano invisible” del mercado quien va a resolver el problema del empleo. No se trata de volver a los tiempos del Estado paternalista, pero tampoco evadir las responsabilidades que le corresponden.
Los alemanes votaron por el cambio, por una manera distinta de hacer las cosas, porque pensaron que un nuevo gobierno le podía ofrecer mejores condiciones en la política social y también en el empleo. En las primeras conversaciones de Schröder con los dirigentes de Francia, Italia e Inglaterra, países gobernados por la socialdemocracia, se ha hablado ya de la necesidad de potenciar las políticas sociales y de empleo en el seno de la Unión Europea. Las primeras comunicaciones del nuevo canciller hablan de la inminente constitución de un eje Alemania-Francia-Inglaterra como motores del proceso de construcción del futuro desarrollo de Europa.
Posdata:
El 30 aniversario de la matanza del 2 de octubre ha provocado una nueva mirada y toma de conciencia de la sociedad mexicana sobre esos hecho. Ahora son muy pocos, casi nadie, quienes justifican lo que sucedió. El peso del “pensamiento único” de ideología priísta, que alcanza su clímax en el salinismo, ha muerto para siempre. Costó la sangre, entre otros, de los 200 o 300 estudiantes asesinados en ese día que nunca deberá de olvidarse.