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Rubén Aguilar Valenzuela

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Archivo de Septiembre 2008

La crisis financiera y sus efectos en México

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Septiembre 30, 2008

 ”El dinero destruye ciudades, expulsa a los hombres de sus casas, el dinero trastoca las mentes hornadas de los mortales…” Sófocles, en Antígona

La gravedad de la crisis financiera que hoy se extiende por el mundo es comparable a la de 1929. El final del túnel está lejos y todavía pueden ocurrir muchas cosas. Existen márgenes de maniobra, pero si las autoridades monetarias de los Estados Unidos no aciertan a la solución el problema puede derivar en una catástrofe todavía mayor a la que ya se vive.

La crisis, cuyo epicentro son los Estados Unidos, revienta con las hipoteca subprime, de alto riesgo, después se extiende a las hipotecas de primera clase, a las hipotecas comerciales, al crédito del consumo y al de las empresas. Los efectos traspasan las fronteras de Estados Unidos y contaminan al sistema financiero internacional.

Del estallido de la crisis se responsabiliza de manera particular a la Fed, el banco central norteamericano, que permitió la expansión financiera sin base real y no puso coto a las prácticas especulativas. La crisis puso de manifiesto que la mayor parte de las operaciones que realiza el sistema están fuera de regulación.

Con todo, el origen de la crisis está en una economía cada vez más especulativa apoyada en el apalancamiento, es decir, en instrumentos financieros (bonos, acciones, opciones, futuros, títulos, etcétera) cuyo valor es muy superior al de los activos en que se sostienen. Hoy el valor económico real de los activos del mundo es tres veces inferior al de los instrumentos financieros.

La irracionalidad de los mercados se refleja con claridad en los casos extremos de la banca de inversión donde las cinco mayores firmas independientes de los Estados Unidos -Goldman Sachs, Merrill Lynch, Morgan Stanley, Lehman Brothers y Bear Stearns- tenían un nivel de deuda de 41 a 1. Eso provocó su crisis y la quiebra de algunas.

En agosto del 2007, ante la sequía del mercado crediticio,  y para evitar mayores problemas viene la primera inyección de los bancos centrales de Europa y Estados Unidos que todavía sigue. El FMI estima que por ahora la pérdida del sistema financiero mundial es de 1.3 billones de dólares. Un 37 % superior a lo que se había calculado. A eso se debe  añadir lo que está por meterse. Todos son recursos de los contribuyentes.

Las autoridades norteamericanas han invertido 230 mil millones de dólares para rescatar a las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae y al banco Bear Sterns. Ahora el Congreso aprobó inyectar otros 700 mil millones de dólares, para rescatar al conjunto del sistema. El secretario del Tesoro Hank Paulson argumentó que sin esa cantidad era imposible sanear el sistema financiero y evitar una larga y profunda recesión en su país.

La crisis tiene efecto mundial. El crecimiento de los países más desarrollados ha sido revisado a la baja. Se estima que no será más de 1.3 % en el 2008 y 2009. Menos de la mitad de lo estimado para el 2007. A la crisis financiera se suman las presiones inflacionarias derivadas del aumento de los precios de las materias primas y los alimentos.

El FMI predice un largo período de ajuste. En el corto plazo hay que acortar la duración y gravedad de la crisis. Reducir la incertidumbre y devolver la confianza al sistema financiero. En el mediano y largo plazo se requiere reforzar el sistema financiero con medidas de operación más estrictas, un proceso de despalancamiento del sistema financiero, normalización del ciclo de la vivienda y políticas monetarias más pertinentes.

El sistema financiero mundial y el de Estados Unidos en particular no volverán a ser los mismos. La credibilidad y liderazgo económico de Estados Unidos quedó destrozado.  Wall Street dejó de ser el centro mundial de las finanzas. Esto va a provocar la construcción de una nueva arquitectura financiera donde los centros regionales (Shanghai, Dubai, Singapur…) tendrán mayor importancia. Ahora China y Rusia, también otros países, están valorando si sus reservas las guardan en dólares o cambian de divisa.

Hasta ahora las economías emergentes han demostrado capacidad para enfrentar los efectos más graves de la crisis. Es el caso de México. Robert Engle, premio Nobel de economía 2003, asegura que esta no afectará mayormente al país. En un inicio se pensó que los daños iban a ser cuantiosos por la estrecha relación que guardan las economías de México y Estados Unidos. A la reducción del  riesgo ha contribuido: el alto nivel de capitalización de la banca mexicana y la sanidad de sus finanzas públicas.

Si bien el efecto de la crisis no será como se esperaba ya impacta a las actividades ligadas a la economía de Estados Unidos. Las mayores afectaciones se dan en la industria manufacturera, sobre todo la de exportaciones automotrices y de la construcción, el turismo y la llegada de las remesas. Esto afectará, no es el único factor, al ya bajo crecimiento económico y del empleo. Hay que ser cuidadosos, la crisis todavía no está resuelta.

 

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Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Septiembre 26, 2008

El 23 de septiembre de 2008, Fomento Cultural y Educativo, A.C., recibió en manos de su director el padre Sergio Cobo S.J. el premio Compartir a la Institución de Desarrollo Social…

 

Los jesuitas y el cambio social

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela el 26 de Septiembre de 1998.

Para Felipe, indígena náhuatl de la comunidad de El Naranjal en la sierra norte de Veracruz, su vida y la de su comunidad cambió cuando Fomento Cultural y Educativo, institución de los jesuitas; llegó a esa región. “Cuando empezó la organización -dice él- pudimos platicar todos juntos para buscar la justicia. Antes de la organización pensábamos que los problemas nunca se iban a resolver”. Reyna, otomí, dice que “los de la comunidad no podíamos vivir por las a1anzas y robos de los caciques; hasta que llegó Fomento las cosas empezaron a cambiar. Ahora ya no roban y matan como antes”. Víctor, tzeltal de la selva en Chiapas, asegura que “los de Fomento nos han ayudado a construir la organización y la iglesia autóctona”. Los tres son ahora alumnos, los otros alumnos, de los jesuitas.

En diciembre de 1970, el provincial de los jesuitas, Enrique Martín del Campo, anunció el cierre del Colegio Patria. La noticia conmovió no sólo a los círculos de opinión mexicanos, sino que tuvo también repercusión internacional. Los jesuitas decidían, era el sentido de la acción, dejar de trabajar sólo con las élites para ded­icarse a los más pobres. Las reacciones fueron en­contradas al interior de la propia Compañía de Jesús, en particular la provincia de México; pero también en sec­tores de la sociedad mexicana. Hubo quien vio con simpatía el hecho, pero los más se manifestaron en contra, porque la opción la consideraban extremada­mente radical. Se sentían agredidos por la postura de los jesuitas.

Hechos que influyeron de manera definitiva en la decisión fueron: la realización del Concilio Vaticano II (1962/1965); la reunión de obispos de América Latina celebrada en Medellín en 1968 y la Carta de Río, firmada por los superiores jesuitas de las provincias del continente americano en 1968. Los tres eventos, uno más radical que el otro, señalaban la necesidad de que la Iglesia hiciera frente al mundo actual y se comprometiera de manera decidida con los desposeídos. Había que ser más sensible al dolor y sufrimiento de los po­bres, pero también transformar la realidad social, para eliminar las causas de la pobreza.

El aporte de las ciencias sociales influyó también, pero lo determinante en la decisión fue una postura teológica y espiritual. Se asumía que Jesús -era el argumento más fuerte- no sólo se había solidarizado con los más pobres, sino también había trabajado por ellos. La Teología de la Liberación con su nueva manera de entender el contenido del Evangelio, donde las ciencias sociales tenían un aporte particular, ofrecía nuevas oportunidades de ser cristiano y sacerdote. La Com­pañía de Jesús, fiel a su tiempo, asumió con valentía los problemas y contradicciones que le planteó el cierre de su más importante colegio, situado en la ciudad de México y también el reto de iniciar nuevos caminos para contribuir a la construcción de un mundo más justo.

La respuesta inmediata al cierre del colegio fue la creación de Fomento Cultural y Educativo, AC. Estable­cido formalmente en agosto de 1973, pero que había iniciado sus trabajos al inicio de 1972 con un proyecto de educación alternativa en la colonia Ajusco, delegación de Coyoacán, zona en aquel momento de reciente invasión. En este agosto la institución creada por los jesuitas mexicanos, una de las pioneras de la educación popular en el país, cumplió sus primeros 25 años. Fomento, en el principio de los años setenta, sirvió como una orga­nización modelo que inspiró la creación de nuevas alternativas en el campo de la educación popular y el desarrollo comunitarios, no sólo en México sino también en algunos países de Centro y Sudamérica.

En la actualidad Fomento trabaja en tres regiones indígenas y dos centros urbanos. En Veracruz está pre­sente en la zona Sureste donde colabora con indígenas nahuas y popolucas, mientras que en la Sierra Norte lo hace con nahuas y otomíes. En la Selva en Chiapas labora con tzeltales, choles y zoques (estos últimos reu­bicados aquí después de las erupciones del volcán El Chichonal). A través del Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal) en las ciudades de México y Guadalajara promueven el desarrollo del movimiento sindical. En los proyectos de las zonas indígenas la acción se organiza a partir de tres áreas fundamentales: orga­nización, promoción (salud, educación, agroecología…) y pastoral. En el sector laboral se impulsa: la formación sindical, el desarrollo de la cultura democrática, la pro­moción de los derechos laborales y la consolidación de la organización de los trabajadores.

El trabajo de Fomento en estos 25 años no ha sido fácil y en muchas ocasiones ha sido también incomprendido. Algunos de los jesuitas y también del personal laico han sido acusados de subversivos o amenazados de muerte. El padre Jerónimo Alberto Hernández fue identificado de manera irresponsable y temeraria por Televisa, en 1994, de ser el subcomandante Marcos. En 1985, el gobierno de Veracruz cerró por algunos meses Radio Huayacocotla por transmitir “mensajes cifrados” cuando inició su programación en náhuatl y el padre Alfredo Zepeda, quien trabaja en ese proyecto, se ha salvado de intentos de muerte por pistoleros pagados por caciques locales. De vez en cuando aparecen libelos acusando a los jesuitas de Fomento de “comunistas” y de “promover la subversión”.

A lo largo de estos 25 años ha habido éxitos y fra­casos. Hay quien critica a los jesuitas de Fomento Cul­tural y Educativo de no haber sido capaces de renovar su discurso y también de quedarse aislados del actual torrente de la sociedad civil organizada. Son puntos de vista que los jesuitas seguramente habrán de considerar. Todas las instituciones necesitan renovarse en la medida que cambian las circunstancias. A partir de la llegada de su nuevo director, el padre Rafael Moreno Villa, se ha iniciado un proceso de discusión y análisis para situar en una mejor posición a la institución. Lo que no está en duda es la decisión de continuar su trabajo con los sectores más pobres del país. Su acción, ante la dimensión de los problemas, resulta muy pequeña pero es un símbolo claro de una institución de la dimensión y el prestigio de la Compañía de Jesús de trabajar en favor de los que menos tienen, no sólo con discursos sino con una acción práctica comprometida.

Posdata:

Jerónimo Prigione, el anterior nuncio apostólico, fue particularmente agresivo con los jesuitas mexicanos. Siempre intentó hacer difícil su tarea. Entre sus más sonados éxitos en su ataque a los jesuitas estuvo el conseguir que el Vaticano prohibiera que miembros de otros institutos religiosos asistieran a las clases en el teologado de la Compañía de Jesús en México. El actual nuncio, Justo Mullor, parece querer entablar otra re­lación con los jesuitas mexicanos. En ese sentido llama la atención que en la Universidad Iberoamericana presidiera la misa, concelebrada por el provincial y el rector, que cerró la celebración de la Semana Ignaciana en ese centro de estudios. Hay signos de un nuevo trato de la nunciatura a los jesuitas. Es bueno para ambas partes.

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Último escalón: el terrorismo

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Septiembre 23, 2008

Los terroristas siempre tienen ventaja sobre el Estado nacional. El factor sorpresa juega a su favor. Por eso son posibles eventos como el de las torres gemelas en Nueva York, la estación de Atocha en Madrid, los múltiples atentados en Colombia durante la década de los ochenta y los que ahora suceden de manera constante en Irak.

Ningún gobierno esta a salvo de un ataque terrorista. Hoy nadie puede garantizar que se puedan evitar. Esa es la realidad. Lo demás son discursos y buenas intenciones. El trágico acontecimiento en la Plaza Melchor Ocampo de Morelia, la noche del pasado 15 de septiembre, era muy difícil o incluso imposible de evitar una vez que los terroristas se decidieron a actuar.

El hecho aislado, dentro de su gravedad, que no se puede ignorar, no es el problema. Sí lo es el que el Estado mexicano no demuestre todos los días su capacidad para contener, reducir y derrotar al narcotráfico y todas las expresiones del crimen organizado. Ahora esto no es evidente.

La percepción de la ciudadanía es que el Estado no está siendo capaz de hacerlo. Esto a pesar de los discursos del presidente y de las autoridades federales responsables de combatir al crimen organizado que constantemente aseguran lo contrario. El comportamiento de la realidad, de un lado, y la idea ciudadana, de otro, están en contra de lo que sostienen el gobierno federal y los gobernadores. 

En los últimos quince años los carteles del narcotráfico han pasado, en un proceso ascendente, por cuatro distintos modelos de operación:

a) El centrado en el trasiego de la droga al mercado de Estados Unidos. El país se utilizaba fundamentalmente sólo como paso de la droga que venía de Colombia, para ser colocada en el mercado del país vecino. Las disputas entre las narcotraficantes eran menores. Se respetaban los territorios y las rutas que permanecían más o menos estables. Las autoridades se hacían de la vista gorda o incluso negociaban los máximos y mínimos a los que tenían derecho los carteles.

b) El centrado en la creación del mercado interno para la cocaína, al tiempo que se mantiene el trasiego  a Estados Unidos. Los hábitos de consumo de los norteamericanos cambian. Empiezan a consumir drogas de diseño y cae la demanda de la cocaína. Los carteles, entonces, crean el mercado en México. El narcomenudeo se vuelve un gran negocio. Empieza la disputa por las plazas. Los enfrentamientos y ajusticiamientos tienen lugar entre los propios integrantes de los carteles. Entran en cuestión y se rompen los anteriores acuerdos con las autoridades.

c) El centrado en la expansión del mercado interno, el trasiego de cocaína y de sustancias para la producción de drogas sintéticas a Estados Unidos. La disputa por el mercado interno y las rutas hacia el país vecino se radicaliza. Se incrementa el tráfico de armas de Estados Unidos hacia México. Las fuerzas de la seguridad pública se involucran de manera decidida en la lucha contra el narcotráfico. Los enfrentamientos ya no son sólo entre los carteles sino de estos con las autoridades que ahora los combaten. En esa lucha empiezan a caer elementos de las fuerzas del orden. 

d) El centrado en el mercado interno, el trasiego de la cocaína y de drogas sintéticas a Estados Unidos.  La disputa por las plazas y las rutas hacia el país vecino alcanza niveles insospechados. El  contrabando de armas de Estados Unidos a México cambia cualitativamente. A los carteles llega armamento de última generación. El combate de las autoridades obliga a la recomposición permanente de los carteles. Se rompen pactos y construyen nuevas alianzas. Aparecen nuevos grupos en la disputa de mercado y rutas. Se radicaliza la lucha contra las fuerzas de seguridad. En la disputa entre carteles y de estos con las autoridades se asesina a la población inocente. Se la usa en la disputa. Las acciones terroristas se inician con los 14 asesinados en Creel, los 24 en el Estado de México y los ocho muertos y 132 heridos en Morelia. Llegados a este escalón lo más probable es que las acciones terroristas van a continuar. Así ha sucedido en otros países.

El Estado mexicano siempre ha ido detrás del modo de operar del narcotráfico y el crimen organizado. Reacciona a la defensiva y nunca ha tenido la iniciativa. El terrorismo que atacan de manera directa a la población inocente obliga de manera imperiosa e irrenunciable a que el Estado reformule su estrategia y tome la iniciativa.

Antes se pudo decir que la lucha era entre narcotraficantes y que las fuerzas del orden mantenían a raya a los criminales. Cuando se usa a la población inocente y se está dispuesto a sacrificarla, al Estado no queda más que ganar la guerra que le han declarado los terroristas. No existe otra posibilidad. Lograrlo requiere años de lucha sistemática. A la sociedad, en ese tiempo, se le tiene que demostrar con hechos que la estrategia es la correcta. No es fácil. De esa dimensión es el reto.

 

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Hace diez años…

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Septiembre 19, 2008

Reinventar la democracia: gobiernos municipales

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Septiembre 19, 1998

Entre los alcaldes de las más importantes ciudades de América Latina, a pesar de sus marcadas diferencias, se empieza a construir un amplio consenso sobre cuáles son los más graves problemas que enfrentan para gobernar sus comunidades y también a coincidir -es todavía más relevante-  en la identificación de los mecanismos e instrumentos que resultan más adecuados para hacer un buen gobierno municipal. Las posiciones ideológicas son importantes e influyen, no está en duda, pero no son las que explican una buena o mala gestión .a la cabeza del gobierno de una ciudad.

La UNESCO reunió en la ciudad de México, el pasado mes de julio, a una treintena de alcaldes y ex alcaldes en el encuentro “Participación ciudadana, gobernabilidad democrática y cultura de paz”, para analizar e intercambiar experiencias sobre la gestión municipal. Los acuerdos alcanzados en la discusión quedaron plasmados en la Declaración de la Ciudad de México, un documento sintético, pero que expresa de manera precisa cuáles son los retos a los que se enfrentan los ayuntamientos de las ciudades latinoa­mericanas y también cuáles las líneas estratégicas para garantizar el ejercicio de un eficiente y eficaz gobierno municipal.

Los alcaldes y los ex alcaldes están de acuerdo en que la nueva manera de gobernar se sustenta en tres ejes fundamentales: participación ciudadana, descentralización de responsabilidades y recursos, transpa­rencia y rendición de cuentas. “El espacio privilegiado de la participación ciudadana, plantea el documento, es el poder local, el municipio”. La participación re­quiere al mismo tiempo una reforma del Estado y una reforma de la sociedad: “… reforma del Estado porque la participación ciudadana obliga a una nueva manera de gobernar, y reforma de la sociedad porque la par­ticipación ciudadana exige nuevas prácticas y educa a los ciudadanos en sus derechos y en sus deberes”.

La participación contribuye a la “gobernabilidad de­mocrática local y nacional y hace más eficaces las gestiones de gobierno y facilita la resolución de problemas como la inseguridad ciudadana, la gestión económica de los ayuntamientos, la corrupción pú­blica, la falta de transparencia informativa y los pro­blemas sociales de la exclusión y la desigualdad de oportunidades”, afirman los alcaldes de una treintena de las ciudades latinoamericanas.

El concepto de participación ganó la batalla. Son muy pocos los que ahora dudan de su ventaja y conveniencia. El problema se traslada, entonces, a los cómo. El primer intendente de la alcaldía de Mon­tevideo, Tajaré Vázquez, planteó durante las discusiones con lucidez y honestidad dónde se ubica el problema: “Logramos el gobierno y al mes de entrar en él nos comenzamos preguntar: ¿participar? ¿cómo? ¿cuándo? ¿dónde? No teníamos respuestas, a pesar de todo la que habíamos hablado de participación popular”.

La participación necesariamente, sostienen los al­caldes, debe ser acompañada de la descentralización, “que busca crear una escala humana para la gestión pública que facilite nuevas formas de convivencia y una ética social. La descentralización para ser democrática y verdadera debe ser transferencia de fun­ciones y recursos para garantizarla. No hacerlo atenta contra la gestión de los gobiernos locales. Descen­tralizar sin recursos incrementa las tensiones entre los poderes centrales y los poderes locales y regionales; multiplica los factores de ingobernabilidad e impide una cultura de paz”.

Participación y descentralización favorecen la transparencia y rendición de cuentas en la gestión municipal, pero éstas deben quedar expresadas en la “construcción de normatividades, prácticas y culturas urbanas que respondan a las exigencias y los desafíos de los ciudadanos del siglo XXI, habitantes de ciu­dades multiculturales y demandantes de órdenes po­líticos incluyentes. Las formas políticas representativas deben de ser ampliadas y complementadas por formas nuevas, directas, de expresión de la voluntad cívica, y de participación ciudadana en la decisión, gestión, seguimiento de las políticas públicas”.

Los mayores obstáculos para el desarrollo de la nueva manera de gobernar, aseguran los alcaldes, se encuentran en la creciente desigualdad social y en las viejas formas institucionales. “Ha habido avances en la, construcción democrática, pero hemos retrocedido en la igualdad social. El propio impulso democratizador de nuestras sociedades coexiste con una fuerte crítica y desconfianza social a la política y a los políticos. Organizar la participación ciudadana es un método de gobierno para resolver ese proceso contradictorio como afirmación, extensión y consolidación de la democracia”.

Así, añadieron los alcaldes, las “viejas culturas políticas y formas institucionales anquilosadas impiden enfrentar los retos de las ciudades y de sus habitantes. Es necesario imaginar nuevas vías de desarrollo y de participación que incorporen alas mayorías a sus beneficios…” En las sesiones de discusión se planteó también que “el control de los recursos y la toma de decisiones por parte de los gobiernos federales” es un claro freno al fortalecimiento del municipio y el poder local.

La Declaración de la Ciudad de México advierte que la nueva manera de gobernar, que se “funda en pro­fundas convicciones éticas, implica concebir a la edu­cación como eje de la acción gubernamental, pues en ausencia de un desarrollo educativo y cultural la par­ticipación ciudadana resulta simbólica e inexistente”. El texto en la parte final asegura que “las ciudades latinoamericanas son ya laboratorios de cambio y que la participación ciudadana y la gobernabilidad demo­crática y la cultura de paz, pese a las dificultades y las atrocidades subsistentes, son procesos que viven y crecen en nuestras ciudades”. Es cierto, pero es necesario acelerar el paso y hacer de las palabras rea­lidades. Hay signos de esperanza en las nuevas formas de gestión municipal, pero si no se profundizan el fenómeno de la desilusión ciudadana puede conver­tirse en otro gran obstáculo.

Posdata:

Empieza ahora a publicarse abundante literatura sobre la ciudad, el poder local y los ciudadanos. Del conjunto de esta literatura reciente vale la pena mencionar tres textos que resultan particu­larmente interesantes por su capacidad para iluminar el campo de la discusión: Ciudadanos del mundo: Hacia una teoría de la ciudadanía, Adela Cortina, Alianza Editorial, Madrid, 1997; Vindicación del ciu­dadano: Un sujeto reflexivo en una sociedad com­pleja, Carlos Thiebaut, Barceloña, 1998; Local y glo­bal: La gestión de las ciudades en la era de la información, Jordi Borja y Manuel Castells, Taurus, Ma­drid, 1997. Vale la pena leer los tres.

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El grito: Historia reciente

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Septiembre 16, 2008

Ayer en la noche en todas las capitales de los estados, en  buena parte de las cabeceras municipales, en nuestras embajadas y consulados se dio “el grito” en conmemoración del inicio de la lucha por la Independencia. Me tocó darlo por adelantado el 13 de septiembre en Albuquerque, Nuevo México, en la ceremonia que el cónsul de México encabezó en ese lugar.  

La celebración en la Plaza Cívica de esa ciudad puso de manifiesto no sólo la alegría de quienes estaban ahí sino también su sentido de pertenencia y orgullo de ser mexicanos. En la ceremonia pude percibir que el evento era una manera de celebrar el encuentro y la unidad. Es emocionante ver cómo los mexicanos que viven fuera del país celebran “el grito”.  

De las comunidades mexicanas en el extranjero y de las ciudades del país hay un solo lugar donde las cosas son distintas: la Ciudad de México. En el 2006, López Obrador, decidió convertir esta fiesta de la identidad y la unidad en una manifestación del resentimiento y la polarización a la que él siempre invita a sus seguidores. No es nuevo en él, lo hacía así ya en sus años de dirigente del PRI en el estado de Tabasco. Ha sido siempre un elemento central de su estrategia, para constituir y organizar a los grupos. 

En septiembre de ese año los órganos de seguridad del Estado tuvieron información de posibles eventos de violencia y  el presidente de la República, en una acción de prudencia y para evitar cualquier conflicto, decidió que la ceremonia se trasladara a Dolores  Hidalgo. En esa ocasión el grito de los seguidores de López Obrador se dio desde las oficinas del gobierno de la Ciudad de México presidido, entonces, por Alejandro Encinas.  

Ese año el Zócalo, al igual que una buena parte de la calle de Reforma, fue ocupado por más de dos meses por los seguidores del que fuera candidato a la presidencia que protestaban así por los resultados de las elecciones que ellos sostenían era producto de un fraude. En la madrugada del 16 de septiembre, después del grito, los ocupantes desalojaron la plaza para que a las 10 de la mañana pudiera tener lugar el tradicional desfile de las fuerzas armadas.  

El gobierno de Fox siempre supo que la demanda de desalojo del Zócalo, para que se realizara el desfile, hecha a López Obrador por el general secretario de la Defensa, iba a ser cumplida. Como estaba previsto cedió. El gobierno de la Ciudad de México, el mismo que sostenía a los manifestantes, en las horas de la madrugada retiró el campamento y limpió la plaza.

En septiembre del 2007 López Obrador volvió a invitar a los suyos, que esta vez eran menos, a “tomarse” el Zócalo y participar en una ceremonia distinta a la encabezada por el  presidente Calderón. El nuevo jefe de Gobierno, Ebrard, negoció que fuera en horas diferentes. Primero “el grito” de López Obrador y después el oficial a cargo del presidente. Ebrard decidió hacer su propia ceremonia en el cabildo de la Ciudad. En los hechos fueron tres gritos.

Éste año la historia se repitió. Volvieron a ser tres gritos. El del presidente, la ceremonia de Ebrard y el de López Obrador. El jefe de Gobierno, como lo hizo en el 2007, dio todo el apoyo al líder moral del FAP y a sus seguidores, pero no se hizo presente en la ceremonia. No quiere que se le identifique con él. No siente, por ahora, tener la fuerza suficiente para romper con quien lo puso en la jefatura de Gobierno. Tiempo habrá. 

Para los mexicanos que viven en México y también en el  extranjero “el grito” es una celebración de la identidad, del orgullo y la unidad. Esto en independencia, que bueno sea así, de que podamos pensar diferente. La fiesta es de todos. Hoy sólo un grupo muy pequeño la ha convertido en una expresión del resentimiento y la polarización. Es el que encabeza López Obrador seguido de líderes como Fernández Noroña, Padierna o Batres. Debemos esperar que esta expresión ya no se haga presente en la celebración de las fiestas patrias del 2009. Que a partir de ese año vuelva a ser sólo una fiesta: la de todos.  

Posdata:

Por primera vez una mujer, Ingrid Berenice Martínez, cadete del Colegio Militar, tuvo a su cargo el discurso en la celebración del 161 aniversario de la gesta heroica de los Niños Héroes. Sus palabras expresan la posición del Ejército. De los miembros del crimen organizado se refirió a ellos como  “traidores de la patria”. El calificativo tiene un significado especial, para los militares. El mayor de los enemigos es el traidor a la patria. Ya no hay más. De parte del Ejército el mensaje tiene dos destinatarios: El primero: Todo militar que se implique con el crimen organizado es un “traidor a la patria”. No es cosa menor. Todos están advertidos. El segundo: Todos los integrantes del crimen organizado no sólo son sus enemigos sino lo son en el más alto grado, el de “traidor a la patria”. El Ejército ante la violencia e inseguridad quiere dejar en claro su posición. Sabe que la lucha se va a extender en el tiempo. Define el camino que seguirá.

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