La propuesta de reforma petrolera que presentó el PRI la semana pasada cambió el escenario político del país, pero alejó la posibilidad de que se apruebe una indicativa que transforme de manera profunda la realidad de Pemex y la industria petrolera.
El PRI aclaró con su proyecto hasta dónde está dispuesto a llegar. Lo que ofrece no es nada ante la dimensión de las necesidades de Pemex. Lo que propone es menos de lo que había presentado el Ejecutivo, que ya era una reforma muy menor.
En el marco de la cultura nacional se impuso lo políticamente correcto. Una vez más queda para otra ocasión la posibilidad de una discusión que privilegie los aspectos técnicos y financieros. El texto a dictaminar será el del PRI. Se le harán modificaciones pero lo que se aprobará en el periodo ordinario del Congreso, que inicia en septiembre, será ése.
El gobierno ya hizo público que acepta esta propuesta en la lógica aquella: “de lo perdido, lo hallado”. Es la aceptación de que más vale la reforma posible que la deseable. Habrá tiempo para analizar la propuesta del PRI antes de que se vote, por ahora son claros los cambios que provocó en el escenario político. Señalo cinco:
a) El PRI se fortalece como juez de la balanza. Deja en claro que sin su aprobación no pasa ninguna reforma. Lo hace evidente al gobierno y al PRD, pero sobre todo a la sociedad. Se propone como un partido de centro responsable y conciliador. Internamente se consolida la posición del senador Beltrones. No es accidente que haya sido él quien en nombre de su partido presentó la iniciativa.
b) El gobierno federal cede. Hacer pasar la reforma era muy difícil. Desde un inicio equivocó la estrategia de comunicación, que era un elemento central. Nunca pudo recuperarse de ese error. El Ejecutivo desató el proceso, pero nunca tuvo la iniciativa. Al principio fue del PRD y al final se hizo de ella el PRI.
c) Se profundizan las diferencias internas en el PRD. El grupo que representa la izquierda, el que encabezan los Chuchos, decidió hacer política y sentarse a discutir. Son conscientes de que la posición del grupo priista-populista-conservador que encabeza López Obrador y apoya un grupo de intelectuales aleja al partido de los sectores más amplios de la sociedad. Sólo 13 por ciento de los ciudadanos dice que votaría por el PRD. El rechazo es producto de su política de confrontación y no propuesta.
d) La movilización pierde sentido. El grupo de López Obrador centró su estrategia en la movilización social a partir de un supuesto falso como es la privatización de Pemex por parte del Ejecutivo. Esa propuesta ya no existe. Va a discutirse la del PRI, a la que no va poder acusar de privatizadora. Él y sus seguidores se quedan sin banderas. El presidente interino del PRD aclaró, por si hubiera dudas, que las movilizaciones anunciadas por López Obrador no cuentan con el apoyo del partido.
e) El diálogo gana espacio. Los presidentes de los tres partidos, en el caso del PRD representado por el sector de la izquierda, han acordado que la discusión está ahora en el Congreso y que ésa es la única instancia que va a decidir respecto a la reforma petrolera. En los próximos días van a multiplicarse los encuentros entre los legisladores de estos partidos, primero para aprobar el dictamen de la propuesta, y luego para acordar el sentido de la votación en las cámaras.
La propuesta del PRI cambió el escenario político del país caracterizado por la descalificación y la confrontación promovida por el grupo priista-populista-conservador encabezado por López Obrador. Se logra al modificar el contenido de la reforma petrolera. A ésta se suman el PRI -es su propia propuesta-, el sector de izquierda del PRD, el PAN y el gobierno. Gana el gradualismo y se posponen cambios urgentes y necesarios.
El gobierno encuentra una salida. Lo peor que podría pasarle es que se quedara sin nada. La fuga hacia adelante no resuelve el problema apremiante de Pemex. Lo posterga. Bien que se haya modificado el escenario de crispación, que se posicione el sector de izquierda en el PRD, que queden aislados los intransigentes que se niegan a hacer política, que los partidos se sienten a dialogar, pero el problema de la industria petrolera de México no está resuelto. Eso está muy lejos.
Posdata:
La consulta resultó un fracaso. El “no”, como se esperaba, ganó al estilo de las viejas votaciones priistas. A pesar del apoyo de toda la burocracia y los recursos financieros del gobierno de la ciudad de México sólo votaron 870 mil, según los organizadores, que es un millón 130 mil menos de los dos millones anunciados. El padrón tiene casi ocho millones de electores. En los otros diez estados donde se celebró la consulta la participación fue menor. La sociedad no participó porque entendió que sólo se trataba de apoyar la causa de un sector que ya tenía decidida su posición: no a esta y cualquier otra reforma.