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Rubén Aguilar Valenzuela

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New’s Divine: Evasión de la responsabilidad

Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Julio 8, 2008

El control democrático depende de que los ciudadanos dispongan de información verdadera y en tiempo, para atribuir responsabilidades a sus representantes. Joaquín Estefanía, periodista español.

 

El jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, no dirigió de manera directa el operativo del News Divine; no lo hicieron tampoco el jefe de la policía, Joel Ortega, ni el procurador del Distrito Federal, Rodolfo Félix. Eso no está a discusión, como tampoco que ellos tres son, en última instancia, los responsables de lo que ahí sucedió.

 

Es un principio básico de la administración pública y privada que la responsabilidad directa de lo que pasa con los subordinados es de quien los dirige. Ortega era el responsable de los policías, Félix de los judiciales y Ebrard de estos dos últimos. La línea de mando es clara. No hay confusión.

 

El responsable directo de que funcionen bien la policía y el Poder Judicial de la ciudad, en su condición de jefe de Gobierno, es Ebrard. Para eso fue elegido. Él es quien optó por Ortega y Félix para ocupar las responsabilidades que ahora tienen. A ellos no los eligieron los ciudadanos. Él los puso ahí.

 

El responsable de los funcionarios que nombró, también de sus acciones, es el elegido por la ciudadanía. A él toca también rendir cuentas. Ebrard no debe, no puede, seguir evadiendo el tramo de responsabilidad que le corresponde. Es lo que ha hecho todos estos días. Está ahí la realidad, para demostrarlo.

 

Si la policía está mal preparada y es incompetente, como lo demostró con creces, de la misma manera que lo hicieron evidente los judiciales, la responsabilidad recae en sus jefes. Ellos son los responsables de su selección, de su preparación y de su actuación. No hay para dónde hacerse.

 

Si los policías y los judiciales cumplen con su tarea, el reconocimiento corresponde también a los jefes, pero de la misma manera la condena si lo hacen mal. Así es en razón del principio de autoridad. Si las cosas funcionan queda claro que existe una correcta conducción de los mandos y si las cosas salen mal se manifiesta que no era la adecuada.

 

Esto de ninguna manera elimina la responsabilidad de cada policía y judicial. No la pueden eludir, pero tampoco en la responsabilidad de cada uno de ellos puede quedar diluida la que es propia de sus jefes, que son los encargados de la marcha institucional.

 

Si los mandos medios de la policía y la judicial no tienen la capacidad para desempeñar su trabajo, no pueden ser enviados a realizar tareas como la que provocó la tragedia que todos lamentamos. Si una compañía área pone al mando de un avión a un piloto incompetente y se produce un accidente, a todos queda claro que la compañía, y no el piloto, es en última instancia la responsable de las víctimas. Esto por elegir mal a su personal.

 

El caso es el mismo. Si Ebrard puso a dos responsables que no tenían las competencias suficientes, uno a cargo de la policía y el otro de la Procuraduría, y éstos, a su vez, pusieron como encargados a personal incompetente y sin preparación, ellos y no los policías o judiciales de base son los responsables ante la sociedad. En la línea de mando la responsabilidad última recae en el jefe de Gobierno.

 

Hasta el momento ni Ebrard ni Ortega ni Félix han tenido la honestidad y el valor de asumir ante la sociedad su responsabilidad. Ninguno ha ofrecido disculpas, ninguno ha presentado su renuncia; lo debieron de haber hecho, pero tampoco han dejado su puesto para que las instancias encargadas de la investigación, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), pueda actuar con independencia total. Ellos ahí siguen.

 

Ebrard, Ortega y Félix despachan en sus oficinas como si nada, absolutamente nada, hubiera ocurrido. Como si ellos no fueran los responsables de que hubieran perdido la vida nueve adolescentes y tres policías. Lo son. El hecho, que nunca debió haber pasado, puso en evidencia el alto nivel de incapacidad de los mandos de la policía y la judicial. También los graves niveles de corrupción que existen en las dependencias del gobierno y en algunas delegaciones.

 

La actitud de los tres revela su falta de ética en el ejercicio de la función pública. No sólo evaden su responsabilidad sino que buscan culpar de todo lo que sucedió a funcionarios medios de la policía y la Procuraduría. Así pretenden salvarse.

 

No hay duda de que esos mandos también son responsables. Están ahí todas las evidencias (videos, fotos, declaraciones…), pero no son los únicos. ¿Quién los eligió? ¿Quién los nombró? ¿Quién los puso al mando?

 

Ebrard, Ortega y Félix demuestran con su actuación que lo único importante para ellos es satisfacer sus pretensiones políticas. Uno quiere ser presidente de la República, otro jefe de Gobierno y uno más procurador de la República. Las víctimas no cuentan. Sus familias tampoco. Su responsabilidad ante la sociedad, menos. Lo que cuenta es que “nada empañe su trayectoria política”. Ya la empañaron. Ahora, la sociedad sabe bien de qué pasta están hechos.

 

 

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