Asociación Estratégica: América Latina y Europa
Publicado por Rubén Aguilar Valenzuela en Julio 2, 1999
La Comisión para las Relaciones con América Latina y el Caribe de la Unión Europea (UE) advertía, en julio de 1998, que el Acuerdo de Libre Comercio de América (ALCA) iba a operar como una estrategia de Estados Unidos en contra de las empresas europeas. Las consecuencias de esa medida podrían ser “graves para los empresarios que mantienen relaciones comerciales con los países de América Latina” y el informe añadía que “para evitar daños a las actividades de los agentes económicos europeos, la UE debe de obtener un acceso inmediato a México, el Mercosur, Chile y los países andinos”. El documento puso sobre aviso a los jefes de gobierno de los países que integran la UE que decidieron, en septiembre de 1998, dar los pasos necesarios, para organizar la Cumbre Unión Europea-América Latina.
Los latinoamericanos, por su parte, estimaban que un acuerdo con la UE podría servir de contrapeso a la influencia desmesurada que Estados Unidos tiene sobre los destinos de la región y que todavía puede crecer si en el año 2005 se hace realidad el ALCA. Una negociación con la UE, que hoy tiene el mayor porcentaje del PIB mundial con 29% del mismo, podría ayudar a diversificar el comercio regional y actuar también como factor de equilibrio político. Ahora los países del área estiman que tiene muchas ventajas firmar primero un tratado con la UE, porque éste puede dar pauta a las posteriores negociaciones con Estados Unidos. Un acuerdo comercial, político y cultural entre América Latina y la UE conviene a los dos. Aquí reside el elemento fundamental que puede hacer realidad lo acordado por los jefes de Gobierno, europeos y latinoamericanos, que estuvieron reunidos en Brasil el 28 y 29 de junio pasado.
En los primeros días de junio, el Centro de estudios de Opinión (CEO) de la Universidad de Guadalajara hizo una encuesta en Alemania, Francia e Inglaterra. El estudio da cuenta que los habitantes de esos países aceptan el establecimiento de un acuerdo entre América Latina y la UE. En su favor está 83.3% de los alemanes; 80.7% de los franceses y 71.3% de los ingleses. Resulta revelador que a la pregunta de ¿con quién simpatiza más entre las posibilidades de Estados Unidos, Japón y América Latina en los tres países?, 50% dijo que con el último y sólo 34% con Estados Unidos y 7% con Japón. Las preferencias entre las opciones de Africa, Asia y América Latina también favorecen a esta última. La región, pues, cuenta con la simpatía de los europeos.
Los intereses de la UE en la región son muchos. Es ya el primer inversionista en el Mercosur y el segundo en el resto de Latinoamérica. La corriente de capitales europeos –inversión directa y especulativa– pasó de 26 mil millones de dólares en 1995 a 73 mil millones de dólares en 1997. Las inversiones se distribuyen así: 34% en Brasil; 18% en Argentina; 14% en México; 9% en Venezuela y también en Chile; 7% en Colombia; 5% en Perú y 4% en el resto de América Latina y el Caribe. Los más importantes inversionistas son: España 28%; Reino Unido 22%; Alemania 14%; Países Bajos 14%; Francia 13%. Los países de la UE que más exportan hacia la región son: Alemania 26%; Italia 19%; Francia 13%; España y Reino Unido 12% cada uno.
La asimetría en la relaciones comerciales entre América Latina y la UE es enorme y tiende a hacerse mayor. En 1990 la UE tenía un déficit comercial con América Latina de unos 13 mil millones de dólares, pero ocho años después el superávit alcanzaba ya los 11 mil millones de dólares. Esto a pesar de que América Latina, con un territorio de 20 millones 69 mil km2, es siete veces más grande que la UE con sólo 3 millones 191 mii km2. La población de América Latina es también mayor con 482 millones de habitantes, frente a 376 millones de la UE. Lo que marca la diferencia sustantiva entre los dos bloques es el ingreso per cápita que asciende a los 18 mil 971 dólares anuales en la UE y es sólo de 3 mil 20 dólares en la región.
Los discursos en la inauguración de la cumbre dejaron claro cuáles eran las expectativas e intereses de los bloques. El presidente de México, Ernesto Zedillo, habló sobre la pobreza que agobia al continente y afirmó que “la pobreza y la desigualdad social han sido y son los rasgos más lacerantes de nuestra realidad” y los que “más tristemente nos diferencian y distancian de la Europa moderna”. El presidente del Brasil, Fernando Henrique Cardoso, expuso el problema que la globalización asimétrica representa para el Continente y planteó que “la globalización debe se válida para todos. No puede ser dádiva para los ricos y privación para los pobres. Transformar el actual modelo en una globalización solidaria es una cuestión de justicia y aspiración democrática, que es de interés general”. El canciller alemán Gerhard Schoeder, manifestó que a la UE no sólo le interesa la cooperación económica sino también la política y cultural, y expresó que de América Latina “Europa necesita y quiere unos socios estables y fuertes, por eso impulsamos una asociación estratégica.
El punto más importante de la Declaración de la cumbre del Río de Janeiro firmada por los 46 jefes de Estado presentes, está en la decisión de formar una “asociación estratégica” de cooperación internacional que permita a la UE y América Latina caminar juntos en la búsqueda de los necesarios equilibrios políticos, económicos y sociales en el nuevo orden mundial. En materia económica se acordó buscar la “liberalización integral del comercio, como estrategia para incrementar la prosperidad y combatir los efectos de la volatilidad de los flujos financieros”. Se propuso también luchar contra la pobreza y ayudar con “inversiones significativas” a las naciones más pobres.
En el campo de la política se propuso fomentar “la democracia representativa y participativa, las libertades individuales, el Estado de derecho, la gobernabilidad, el pluralismo, la paz y la seguridad internacional, la estabilidad política y el fomento de la confianza entre las naciones”. Se acordó también combatir juntos el terrorismo, el narcotráfico y el tráfico de mujeres y niños.
Más allá de los discursos y las buenas intenciones, los resultados inmediatos de la cumbre son cuatro: retomar las negociaciones entre la UE y el Mercosur, que habrán de comenzar en el mes de noviembre; acelerar las negociaciones entre México y la UE con el fin de firmar el acuerdo antes de que termine el año; establecer un grupo birregional de altos funcionarios, para dar seguimiento a los acuerdos; dar continuidad a éste tipo de encuentros. El próximo serán en España el año 2002. Se insistió en la conveniencia de llegar a un acuerdo final entre la UE y el conjunto de la región en el 2003, dos años antes de que se firme el ALCA.
Los europeos y latinoamericanos fueron cuidadosos en señalar que la nueva “asociación estratégica” no es contra de Estados Unidos y que tampoco este esfuerzo elimina los encaminados a hacer realidad el ALCA. Concesiones, sin duda, al gobierno de Estados Unidos, que no estaba invitado al encuentro. La cumbre abre muchas y muy buenas posibilidades para América Latina y la UE. El brasileño Tehotonio dos Santos consciente de éstas escribió: “Esperemos, sin embargo, que los intereses geopolíticos y geoeconómicos de Europa prevalezcan sobre su cobardía frente a la agresión y violencia norteamericana”. Lo mismo podríamos decir de los gobiernos de América Latina. En los próximos meses sabremos quién es quien.