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Rubén Aguilar Valenzuela

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    • La ruptura en Honduras I Julio 5, 2009
      A unos meses de su proceso electoral, el país centroamericano entró a una encrucijada. El saldo es el presidente Zelaya depuesto y en el exilio y un gobierno no reconocido por la OEA. Asistí a la ceremonia de toma de posesión del presidente de Honduras Manuel Zelaya (Catacamas, 1952) el 27 de enero de 2006, en [...]

MILENIO SEMANAL

Artículo publicado el domingo 05 de julio del 2009. “La ruptura en Honduras I”.

http://semanal.milenio.com/node/796

A unos meses de su proceso electoral, el país centroamericano entró a una encrucijada. El saldo es el presidente Zelaya depuesto y en el exilio y un gobierno no reconocido por la OEA.

Asistí a la ceremonia de toma de posesión del presidente de Honduras Manuel Zelaya (Catacamas, 1952) el 27 de enero de 2006, en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, en el marco de una sesión solemne del Congreso. El ritual fue una mezcla de feria popular —donde las delegaciones de los países, entre ellas la de México, desfilaban por la pista—, acto religioso —hubo homilía y bendición del cardenal Rodríguez, amigo personal de Zelaya—, fiesta cívica con estadio lleno, mucha música y sobrevuelo de aviones militares.

El triunfo de Zelaya, del Partido Liberal, fue cuestionado desde el inicio por lo apretado del resultado y las irregularidades metodológicas en el conteo de votos; a pesar de todo, su mandato llegó con buenas expectativas después del ineficaz y desangelado gobierno del presidente Ricardo Maduro. Llegó Zelaya con el apoyo de los sectores del gran capital, la Iglesia y las bases de un liberalismo que había ganado cinco de las últimas siete elecciones presidenciales. En la campaña se había hecho de una imagen de político relajado y sencillo por su manera simple de hablar y por el sombrero y las botas vaqueras que siempre utilizaba.

La presidencia

En el primer año y medio de gobierno Zelaya no se alejó de las posiciones que lo llevaron al poder. Fue hasta mediados del 2007, cuando se acercó al presidente Chávez, que su discurso cambió para confrontare con Estados Unidos y asumir posiciones populistas semejantes a las del venezolano. Ante la molestia de ciertos sectores de la sociedad y de su propio partido, Zelaya argumentó que Chávez garantizaba el petróleo que Honduras necesitaba a precios preferenciales. Luego vino la incorporación al Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA), bien vista por sectores identificados con el discurso antiestadunidense pero molesta para los empresarios, la Iglesia, los partidos de la oposición y la dirigencia de su partido, quienes veían cómo el acercamiento a Caracas radicalizaba cada día más el discurso de Zelaya. La tensión crecía y la decisión del presidente fue romper lanzas buscando el “encuentro” con las bases sociales, al mismo tiempo que se alejaba de los sectores que lo habían llevado a la presidencia.

En la recta final de su mandato —las siguientes elecciones presidenciales serían el 29 de noviembre del 2009, debiendo dejar el cargo el 27 de enero de 2010— decidió jugarse todo en busca de una reelección que ahora impide la Constitución. Zelaya sabía que no tenía mayoría en el Congreso y que no contaba con el apoyo de su partido; decidió entonces organizar una consulta popular, compleja y difícil, en busca del cambio constitucional, a pesar de que la maniobra no fue aceptada por los otros poderes del Estado, el Ejército y la oposición.

El proyecto de la discordia

El proyecto de Zelaya era realizar una consulta, citada para el domingo 28 de junio, que proponía la instalación de una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución y establecer la posibilidad de la reelección. Si el pasado domingo hubiera triunfado el “Sí”, en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre se hubiera debido instalar una casilla especial para formalizar la propuesta ya bajo el formato de referendo. Pero días antes la Corte Suprema de Justicia de Honduras declaró la consulta ilegal, argumentando que, según las leyes hondureñas, es el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y no el gobierno el único órgano del Estado autorizado para organizar elecciones y consultas. La reacción de los constitucionalistas y también de algunos ex presidentes fue que Zelaya y todas las instancias del Estado estaban obligadas a respetar la decisión de la Corte: de no hacerlo violarían la ley. A pesar de la decisión de la Corte y en su abierto desacato, Zelaya siguió en su proyecto.

La telenovela: los días de tensión

Martes 23 de junio: el Congreso aprobó una ley estableciendo la prohibición de celebrar consultas populares 180 días antes y/o después de las elecciones generales. Era evidente que la ley iba dirigida contra la consulta de Zelaya.


Miércoles 24 de junio:
el presidente Zelaya ordenó al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el general Romeo Vázquez, que el Ejército apoyara la consulta. Éste se negó a cumplir la orden al considerar que violaba la ley dictada por el Congreso y la resolución de la Suprema Corte. Zelaya lo destituyó, aceptando la posterior renuncia del ministro de Defensa Ángel Edmundo Orellana.

 

Jueves 25 de junio: la Corte Suprema de Justicia deja sin efecto la destitución del general Vázquez, quien recibe el apoyo del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia por hacer valer la Constitución, reiterando que el presidente está fuera de la ley. Zelaya se niega a acatar, una vez más, la resolución de la Corte.

Ese mismo día el presidente, a la cabeza de un grupo de seguidores y en franca provocación a los militares, se presenta en las instalaciones de la Fuerza Aérea a retirar la papelería enviada por el gobierno de Chávez para organizar la consulta. Los militares que custodian la base evitan el choque y permiten que le presidente y los suyos se lleven la papelería.

 

Viernes 26 de junio: el Congreso anuncia que hará una investigación sobre la “capacidad mental” del presidente y éste califica de “arbitrario e improcedente” el anuncio, asegurando que el Congreso no tiene autoridad para investigarlo o inhabilitarlo. Los diputados del partido de Zelaya le piden respete el orden constitucional que establece, de acuerdo al artículo quinto, que sólo por decisión del Congreso el Tribunal Supremo Electoral (TSE) puede convocar a un plebiscito o referendo. Se arman manifestaciones en Tegucigalpa y San Pedro Sula, tanto a favor como en contra de Zelaya. El presidente le anuncia al público que estuvo a punto de haber un golpe de Estado, pero que la posición del gobierno de Estados Unidos lo impidió.

 

Sábado 27 de junio: el presidente coordina la distribución de la papelería para la consulta e invita por la televisión a participar en ésta, anunciando que las boletas están ya en 15 mil puntos del país. Ramón Custodio López, comisionado Nacional de los Derechos Humanos y perseguido por los militares en tiempos de la dictadura, asegura que Zelaya atenta contra la Constitución al no acatar las resoluciones de los otros poderes y emitir órdenes ilegales que no deben cumplirse. Afirma que el responsable de lo que pueda venir es el presidente.

Quien fuera vicepresidente de Zelaya, Elvin Santos, ahora candidato del Partido Liberal para las elecciones presidenciales de noviembre, le pide que no realice la consulta y la Iglesia católica se pronuncia en contra de la misma por promover la polarización y la incertidumbre. El Ejército deja las calles y se retira a los cuarteles. Zelaya se va a la cama confiado en tener todo bajo control.

 

Domingo 28 de junio: a las 5:30 de la mañana un comando del Ejército entra a la casa presidencial, apresa a Zelaya y lo lleva al aeropuerto para ponerlo en un vuelo que lo dejará en San José de Costa Rica, donde lo recibe el presidente Óscar Arias. Aparece ante la prensa en pijama, narrando cómo fue detenido y asegurando ser el presidente constitucional. El embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens, declara que Zelaya es el único presidente que reconoce su país.

El Ejército sale a las calles. El Congreso destituye a Zelaya y nombra como presidente provisional a Roberto Micheletti, líder del Congreso y miembro del Partido Liberal. En sus primeras declaraciones éste niega la existencia de un golpe de Estado y asegura se ha restablecido el orden constitucional violentado por Zelaya, al tiempo que se compromete a realizar las elecciones generales del 29 de noviembre. La Organización de Estados Americanos (OEA) se pronuncia en contra del golpe de Estado y desconoce al nuevo gobierno.

 

Lunes 29 de junio: un avión enviado por el gobierno de Venezuela traslada a Zelaya para que en Managua participe en la reunión de los presidentes del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y de la ALBA. Éstos reclaman los principios de la Carta Democrática Interamericana de 2001 (CDI), que señala que de haber graves violaciones a la democracia y a los derechos humanos en un país éste puede ser expulsado del organismo. La comunidad internacional reacciona contra el golpe de Estado. El gobierno anuncia que si regresa Zelaya será detenido, juzgado y llevado a la cárcel.

El pecado original

En Honduras se rompió el orden Constitucional dos veces; la primera fue cuando el presidente Zelaya se negó a acatar las resoluciones del Congreso y la Corte Suprema de Justicia, y la segunda cuando estos poderes recurrieron al Ejército, no al juicio legal de revocación de mandato, para destituir a Zelaya y expulsarlo del país. Detrás de esa decisión estuvo el miedo que la obvia intervención de Chávez provocó en amplios sectores hondureños. Ese temor evidente —me tocó constatarlo en mis viajes a Honduras— crecía con los meses hasta convertirse en pánico.

El último golpe de Estado que los militares dieron en Honduras fue hace casi 40 años, en 1972. Entonces, el orden constitucional se restableció hasta 1982. El golpe de ahora debe ser rechazado y no hay razón que valga para justificarlo, aunque en el análisis de lo sucedido existan tres elementos a considerar: el efecto que puede causar el proyecto chavista de vender petróleo barato a cambio de injerencia política; la polarización y la esquizofrenia ideológica que provocan los gobiernos que asumen el poder por la vía democrática para luego iniciar su desmantelamiento, y la debilidad estructural de las instituciones democráticas, demasiado débiles para enfrentar a los presidentes convertidos en autoritarios. Estos tres factores explican, sin justificar, el golpe de Estado. La intervención de Chávez en la gestión del gobierno de Zelaya, que se hacía cada día más evidente, despertó el miedo en los círculos del centro y de la derecha, pero también en grandes grupos de la sociedad que no estaban dispuestos a que en Honduras se implementara un sistema como el que ahora impera en Venezuela, Nicaragua, Bolivia o Ecuador.

Es irónico que en este trance los grandes defensores de la CDI resulten ser los gobernantes más cuestionados por su autoritarismo y por sus actitudes represoras contra la oposición y la prensa, y por sus intentos de acotar y controlar a sus Congresos y sistemas de justicia, como son Chávez, Ortega, Morales y Correa. Ninguno representa el nuevo proyecto de la izquierda que anuncian sus discursos, encabezando más bien proyectos populistas autoritarios de viejo cuño, reencarnando, como los golpes de Estado, proyectos del pasado.

El miedo hizo presa de las élites hondureñas que sin duda equivocaron su decisión: nunca debieron pedir la intervención del Ejército antes de hacerle al presidente un juicio que muy probablemente habrían ganado. En la embestida final contra Zelaya, apoyado siempre por Chávez, debieron hacer valer la ley y las instituciones democráticas antes que la fuerza. Tuvieron que haber ocupado los espacios en los medios, para debatir y dar razones sin caer en la tentación, a pesar del miedo, de usar los recursos del autoritarismo, maniobra que hoy les acota una legitimidad que nadie les hubiera escatimado antes.

¿Qué sigue?

El rechazo internacional ha unificado a las fuerzas políticas y sociales de Honduras, a la manera de lo sucedido en la Cuba posrevolucionaria, y ha acercado a los poderes del Estado con el Ejército. La mayoría de los medios de comunicación han cerrado filas para apoyar y sostener al gobierno provisional. La presión contra Micheletti viene de un frente externo, pero no ocurre de la misma manera al interior de Honduras donde las manifestaciones de apoyo a Zelaya son sólo de pequeños grupos ligados a los sindicatos y a la reducida izquierda.

A Zelaya, pese al ultimátum de la OEA, el gobierno provisional no le va a permitir el regreso: ya han anunciado que si lo intenta lo meterán a la cárcel. Los principios de la CDI, que también deberían aplicarse a otros gobiernos de la región, fundamentan la expulsión de Honduras de la OEA; de suceder así nadie duda que se le reintegrará pasadas las elecciones de noviembre, cuando tome posesión el nuevo presidente constitucional en enero del 2010. Mientras, el actual gobierno se da por servido al frustrar el proyecto Chávez-Zelaya, aunque bien saben que el venezolano Chávez, al amparo de la democracia y de la renta petrolera, seguirá haciendo de las suyas.

 

 

Artículo publicado el domingo 07 de junio del 2009. “Cuba y la OEA: el fin de una condena

http://semanal.milenio.com/node/662

Artículo publicado el domingo 24 de mayo del 2009. “Benedicto XVI: dogmatismo e incomprención.”

http://semanal.milenio.com/node/592

 

Artículo publicado el domingo 10 de mayo del 2009. “La Legión y los visitadores.”

http://semanal.milenio.com/node/508

 

Artículo publicado  el domingo 26 de abril del 2009. “¿Hacia dónde va Cuba?

http://semanal.milenio.com/node/444

 

Artículo publicado  el domingo 19 de abril del 2009. “Hugo Chávez: crisis y persecución”

http://semanal.milenio.com/node/405

 

Artículo publicado el domingo 15 de marzo del 2009 “La ex guerrilla salvadoreña”

http://semanal.milenio.com/node/228

 

Artículo publicado el domingo 22 de marzo del 2009. “México, EU y la polémica de la legalización: Estrategias distantes”

http://semanal.milenio.com/node/247

8 comentarios para “MILENIO SEMANAL”

  1. jaimón muñoz escribió

    Mi querido Roiben: Estoy de acuerdo contigo en que esta guerra está perdida.
    Convendría quizá sí saber cómo le hace el gobierno holandés o los países que sí permiten el uso terapéutico de la mariguana para controlar el mercado. ¿Cómo llega la yerba al consumidor final empezando desde el trasiego de los campos de cultivo? En fin, creo que esa parte plantea un problema, el cual por lo visto ya ha sido resuelto en los países que han dejado la guerra atrás.
    Un abrazo
    Jaimón

  2. Rubén Aguilar Valenzuela escribió

    Muy queriod Jaime:
    Todos los especialistas, los organismos internacionales y también los gobiernos de los países desarrollados, como se plantea en el texto, asumen que el enfoque punitivo no porduce resultados y que por lo mismo cualquiera que lo intente va a fracasar. Las evidencias son muchas. El gobiern, para bien de tood, debe de salir existoso en esta batalla. Lo que está en duda es la estrategia y no su volutnad de enfrentar el problema. Pienso que la actual administración deberia analizar con frialdad el punto y cambiar la estretegia, para asumir la que ahora siguen otros psíses y que se propone en el texto.
    Saludos,
    Rubén

  3. Luis Michel Pérez escribió

    Ruben:

    Vuelvo a expresar que para mí sería muy dificil informarme de los subconjuntos de un tema que es políticamente interesante y si no leyera estos artículos quearía expuesto a una prensa con contenidos fragmentados y desprovistos de consistencia integradora. Gracias.

  4. Rubén Aguilar Valenzuela escribió

    Luis: Lo que intento es lo que tú captas. En México se hace poco éste tipo de artículos tal vez porque requieran no sólo conocer del tema sino también dedicarle mucho tiempo, lectura y llamadas para discutir y cotejar. En mis artíuclos en Milenio voy a seguir trabajandso en esa dirección. A mi me ayuda, para aclararme y eso mismo quiero compartir con los lectores.
    Abrazo.

  5. Teresa Escalante Romero escribió

    Sr. Aguilar Valenzuela
    En dias pasados usted estuvo en la cd. de Chihuahua dando una conferencia Comunicacion Gubernamental y El Heraldo de Chihuahua en su seccion local publica la noticia en primera plana con el siguiente cintillo “Acusa exvocero presidencial Calderon Portavoz del narcotrafico” al leer el contenido de la informacion, al respecto informa “Usa la misma estrategia de los priistas contra el crimer organizado” enseguida informa “El presidente se ha convertido en el portavoz del narcotrafico , debido a que gran parte de sus declaraciones son en ese sentido ?????? (en cual no lo aclaro la persona que escribe la noticia), en seguida en paginas interiores aparece dando seguimiento a la informacion: es la opinion del exvocero presdiencial RAV, quien manifesto que en los pinos hay muchas situaciones que han regresado a las antiguas usanzas del PRI y luego dice “Calderon tiene otra concepcion de comunicacion, ahora solo el habla no el vocero” Lo anterior selo comento porque considero que esta publicacion esta siendo totalmente amarillista al usar un cintillo que nada que tiene que ver con el contenido de sus declaraciones. Esto aparece en la publicacion del dia de hoy 26/04 si es asi mi apreciacion, desearia saber su opinion al respecto ya que voy a enviar un comentario al respecto. Agradezco su atencion a la presente y espero respuesta

  6. Es un tema del que los mortales comunes tenemos poco conocimiento. Se está de acuerdo en el dogmatismo del actual Papa y de la falta de correspondencia entre sus prioridades y la de los creyentes. Muy buen y esclarecedor artículo, Don Rubén.

  7. Rubén Aguilar Valenzuela escribió

    Felipe: Son temas que me interesan en mi condición de alguien que sigue la realidad y también como católico. Gracias por el comentario. Un abrazo,
    Rubén

  8. Gustavo López escribió

    Rubén:
    Vine a leer tu artículo «La ruptura en Honduras I» y, conforme a mis expectativas, encuentro una ordenada información de lo sucedido. Sin embargo, veo que en los parágrafos finales sentás opinión y calificás la acción de los opositores a Zelaya con términos como miedo o equivocación, con los cuales no coincido. Así como tampoco con esa figura de Chávez haciendo de las suyas.
    Me quedo con el artículo hasta el parágrafo (inclusive) que empieza con: «El último golpe de Estado que los militares dieron en Honduras fue hace casi 40 años, en 1972 [...]». Éste parágrafo hubiera sido un moderado cierre.
    Saludos desde Buenos Aires.

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